Alta costura: cuando otro es mejor tú que tú

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Cuando se trata de París y de alta costura hay cosas que no está bien decir. Mucho trabajo y muy delicado, un detallismo exacerbado, nombres propios intachables, sin duda son factores que constituyen la identidad del evento y no se pueden ignorar. El elitismo y las atalayas están ahí, es alta costura y es inaccesible en más de un sentido. Pero su carácter de negocio de lujo y las cifras astronómicas que se manejan detrás de cada colección lejos de actuar como una barrera prohibitiva para que hablemos con libertad sobre ello deberían ser un aliciente para fomentar una actitud crítica.

La última semana de la alta costura en París nos ha dejado elocuentes trabajos, ricos en concepto y referencias, maisons que se esfuerzan por transformar su imagen siendo el de la alta costura el nivel más complejo, identidades que se refuerzan y también diálogos de sordos y fórmulas comerciales aplicadas en una especie de rutina o loop creativo del diseñador, que vienen a aportar poco en un momento en el que se esperaba mucho.

Karl Lagerfeld, artista multidisciplinar de la quinta de Andy Warhol, es director creativo de Chanel desde antes de que mi generación estuviese en el mundo. Actualmente ocupa el mismo cargo en otras grandes casas de moda, como Fendi o la que lleva su nombre. Ha sido todo un referente y un innovador en cuestión de diseño de moda, introduciendo estructuras arquitectónicas que han servido de inspiración a generaciones de diseñadores. Ha creado para Chanel colecciones auténticamente brillantes y ha convertido la firma también en su sello personal.

Realizada la reseña biográfica adulatoria podemos pasar a hablar de esta última colección de alta costura que ha diseñado para la maison, en la que escoge la flor como punto de partida. Si bien no demasiado orginal, puesto que la flor es un concepto recurrente en el diseño de moda como forma de connotar feminidad y delicadeza, no quita que siga dando lugar a elocuentes creaciones. La última que destacamos aquí fue el trabajo de Carolina Herrera presentado en septiembre en la Semana de la Moda de Nueva York. Sin embargo Lagerfeld nos presenta una mujer a la que ha convertido en flor, plantada en el medio de un jardín aséptico de hojas de origami. El diseñador toma el traje de dos piezas para desplegar toda una amplia variedad de posibilidades de una silueta en la que los pantalones brillan por su ausencia. Ya sea con minifaldas combinadas con partes superiores que caen como una sobrefalda o cinturas a la cadera que se abren como pétalos en faldas largas, estrechas o con volumen, y se combinan con piezas crop con el ombligo al descubierto. Lagerfeld nos prueba su capacidad para reinventar el intrincado del tweed, un par de piezas de Chanel à la ancienne para que no olvidemos donde estamos y, sin embargo, dentro o fuera de Chanel, la colección no resulta especialmente inspiradora en su feminidad de azúcar glas.

Chanel | Fotografía de Giovanni Giannoni

Chanel | Fotografía de Giovanni Giannoni

La fortaleza, signo subrepticio de la mujer Chanel en toda su historia, parece tornarse en demencia. «Weirdness», decían en WWD. Las pamelas se asentaban como nubarrones oscuros sobre las cabezas de las modelos y unos calcetines negros trepaban quedándose a medio camino de la rodilla. Podrían trasplantar a esta mujer-flor y replantarla en mitad de un salón, entre juegos de porcelana pintada a mano, cuadros de punto de cruz y un sofá plastificado con diez gatos por encima que no desentonaría.

Pero como bien decía Bridget Foley en su crónica para el WWD: «This is couture. Hold the guilty». La alta costura es el placer de crear, de imaginar a la mujer desde una materia prima textil, de inspirarla. Lagerfeld apuesta por una alta costura pragmática, veremos si esta vez funcionan los conjuntos pastel de ombligo al aire. Lo más reseñable sin duda fue el fundido a negro final, los trajes de noche que toman inspiración en los últimos años de la primera década del siglo XX y el vestido de novia plagado de flores, de un virtuosismo como pocos se habían conocido.

Diseñar para una gran maison con una larga historia puede ser una tarea intimidante y de enorme peso. Siempre hay voces puristas listas para denunciar algún sacrilegio, alguna incoherencia estética con los orígenes. Sin embargo todo el mundo espera que el nuevo director creativo sepa capturar el zeitgeist y lleve de esa forma la identidad de la casa al momento actual.

Raf Simons no se libró de este tipo de juicios en su debut en Dior, menos aún cuando no se preocupó por establecer una continuidad con su predecesor Galliano. Sumadas ya numerosas presentaciones con la maison, Simons acaba con cualquier duda al menos sobre un aspecto: su conocimiento sobre moda. Su mirada barre toda la historia de la moda, la transforma en un discurso híbrido que habla de futuro y, además, se reta a sí mismo, que es tristemente una rareza entre los diseñadores de alta costura hoy en día. En la última ocasión se inspiró en la moda del XVIII pero ahora sus referencias son mucho más recientes. La psicodelia de finales de los 60 le lleva a una concepción inexplorada de segundas pieles estampadas sobre las que coloca faldas o dos piezas en una silueta insólita en Dior a la par que efectiva. En la misma línea le siguen mini vestidos que rescatan el legado de Paco Rabanne. Pero el atrevimiento de Simons no se queda en la forma sino que va también a por los materiales. Abre el desfile combinando túnicas plastificadas con pedrería en unas creaciones mucho más barrocas que a las que nos tiene acostumbrados pero con el mismo discurso de futurismo retro. El ritmo estaba medido con pausas entre las distintas etapas de una colección diversa que cerraba con preciosas faldas rayadas en tonos suaves, plegadas en un acabado de efecto de papiroflexia, muy en conexión con los trabajos experimentales del diseñador japonés Issey Miyake. Faldas de las que la maison, últimamente muy aficionada a las piezas documentales y a los making-of, ha querido compartir su complejo proceso de confección en un vídeo de 4 minutos.

Dior | Fotografía de Giovanni Giannoni

Dior | Fotografía de Giovanni Giannoni

Desde que Simons lleva el timón creativo de la maison, ésta atraviesa uno de sus mejores momentos, no solo desde el punto de vista artístico, sino también en volúmenes de ventas incluso en este mercado, el de la alta costura, tradicionalmente más difícil de comercializar. Por todo esto, por su comprensión del fenómeno de la moda desde el plano artístico y su inconformismo creativo, Simons ha colocado a la maison en uno de sus mejores momentos, ventas dejando constancia también de ello.

Mucho más Chanel que Chanel. A la hora de afrontar el desfile de Giambattista Valli no se podía culpar a nadie de esperar más del encanto virginal de ensueño en el que nos mecen delicadas flores artesanales y juegos de transparencias. Si hubo tonos pastel, chifones, flores y pedrería, la inocencia y la fragilidad no se encontraron por ningún lado. No podría haber sido de otra manera con la fuente de inspiración escogida. La mujer resultante del trabajo de Valli surge de la imagen de Coco Chanel y Janis Joplin, dos mujeres cuyo carácter ha marcado historia y con un sentido de la moda altamente personal. La combinación no ha podido ser más acertada. Sobre todo en los conjuntos dos piezas de pantalón y sobrefalda. Los minivestidos de flores y los modelos de noche de voluminoso chifón (el último ya estrenado por Rihanna) eran mucho más Valli pero con el giro adecuado para no ser lo mismo de siempre. Contrariamente a lo que nos ha enseñado Lagerfeld, una paleta de rosas, tejidos vaporosos y pequeñas flores no tienen porqué ser cursi sino la fórmula de un efecto magnético y de fascinación.

Giambattista Valli | Fotografía de Giovanni Giannoni

Giambattista Valli | Fotografía de Giovanni Giannoni

Pero no todo el balance de París fue tan positivo, estuvo también el desfile de Elie Saab, al que una ya se pregunta si incluirlo en la crónica. El rey de las alfombras rojas volvió a hacer lo que sabe, lo que sabemos que sabe hacer mejor que nadie, y sobre todo lo que sus clientas esperan de él. Esta vez tocaron transparencias, encajes virtuosistas, colores pálidos, blanco roto, verde agua y unas enormes mariposas superpuestas y plumas de avestruz como un tímido intento de evasión. Y ¿qué necesidad tiene de ponerse retos cuando su cartera de clientes está asegurada?

La del libanés es alta costura auténtica en un sentido de magnificiencia, de técnica, pero nos aburrimos de ver cómo juega siempre en un campo conocido. Dice haberse transportado a sus orígenes, al armario de su madre, la mujer que le inspiró su pasión por la moda, pero pese al elemento sentimental no queda claro qué aporta de nuevo esta colección dentro de su carrera. De hecho ha habido mejores Elie Saab que en Elie Saab, o eso estamos aprendiendo con Valentino.

Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli ya no son unos debutantes al frente de Valentino. Si en anteriores semanas de la alta costura nos habían transportado al universo de la ópera o al de las pinturas renacentistas, su última colección es mucho más ambiciosa. Comienza inspirada en las princesas medievales de europa central para acabar dejándose llevar a un universo en el que éstas se tornan princesas de cuento. Una sensilidad estética casi infantil con la que se da forma a trajes de noche de ensueño con colores de arcoiris y letras compuestas de pailettes que forman frases, corazones, estrellas, nubes. La colección estaba llamada a ser un hit y ha acaparado la atención en redes sociales como Instagram, por lo que se puede prever un próximo protagonismo en alfombras rojas y eventos más allá de su embajadora Keira Knightley, tal vez desplazando a los clásicos de Elie Saab. Lo importante sin embargo es que Chiuri y Piccioli contribuyen así al establecimiento de una nueva identidad para Valentino, estamos al comienzo de algo nuevo en el que se vislumbra un proyecto a largo plazo.

Valentino | Fotografía de Giovanni Giannoni

Valentino | Fotografía de Giovanni Giannoni

Para terminar dejamos de lado la alta costura pragmática para centrarnos en los creadores. En la última semana del prêt-à-porter de París Jean Paul Gaultier anunciaba su retirada del mercado para pasar a centrarse exclusivamente en la alta costura. Su mensaje era claro: «hacer moda se está convirtiendo en una suerte de carrera de fondo, yo me bajo». Demasiadas presentaciones en muy poco tiempo que no dejan espacio a la creación. Poco después sabíamos que Viktor&Rolf seguían su ejemplo. Tal vez por ese motivo había grandes expectativas para sus desfiles de alta costura, las cuales parece que fueron defraudadas según la prensa especializada.

Esta vez Gaultier pervierte el traje de novia, juega al travestismo y a volcar la iconicidad del novio y de la novia en una misma silueta de formas asimétricas. Abre con una especie de novia cadáver en paños menores para dar paso a una colección de nuevo muy marcada por el traje pantalón y esta vez también con un tinte surrealista. Trabajo de sastrería para los trajes asimétricos, que se combinan con velos y ramos con aire juguetón, de aristocrática disfuncionalidad. Nos deja estupefactos con un exuberante vestido con forma de pichi y complementos para ir a trabajar a los paneles de abejas.

Gaultier se vale de una amplia gramática propia y la aprovecha para presentar colecciones diversas con sello muy personal. Una vez más esto le sirve para hablar de una mujer compleja, cuya identidad es capaz de albergar varias naturalezas.

Por su parte Viktor&Rolf se basan en una única silueta y un solo motivo para explorar su colección. Querían saber hasta donde podían llevar el volumen y la tridimensionalidad de los estampados y ya lo han descubierto. El exceso del can-can y las flores de tela al estilo Van Gogh que se escapan hacia el exterior como única carta durante toda la presentación les sirve para crear una imagen onírica en tres dimensiones de muñecas de sombrero de paja. Sin duda, para esto existe también la alta costura; el problema es que el concepto queda limitado.

Jean Paul Gaultier | Fotografía de Giovanni Giannoni

Jean Paul Gaultier | Fotografía de Giovanni Giannoni

Si la anterior semana de la alta costura destacó por una lucidez generalizada que conquistaba la aprobación de las voces expertas más críticas del gremio y nos hacía pensar que entrábamos en una nueva fase de replanteamiento de la naturaleza creativa y comercial del sector (los conceptos creativos de Chanel y Dior inspirados en el XVIII o la firme apuesta extendida entre los creadores por el trabajo de taller), no quiere decir que en ésta todas las expectativas se hayan visto defraudadas. Tan solo sería cuestión de realizar una llamada contra el estatismo, que no dejen de renovarse los conceptos, de experimentarse con la materia (hay un gran terreno inexplorado que nos brinda la más reciente tecnología como la impresión 3D), y en definitiva que la moda y la alta costura no pierdan la capacidad de sorprendernos. Es difícil económicamente mantenerse en la Semana de la Alta Costura de París como para encima tomar riesgos creativos que pongan en juego una rentabilidad tan solo recientemente conquistada por algunos, pero si aquellos que se encuentran en posición de hacerlo no lo hacen pocas novedades podemos esperar de lo que está por venir en moda. Quedamos pues a la espera de una próxima edición donde la alta costura vuelva a ser terreno de imaginación, los rezagados salgan de su ensimismamiento y podamos ver moda realmente inédita en las pasarelas.

Fotografía de portada: Desfile de Chanel (Getty Images)

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