Navidad: cristianismo ateo

Ha vuelto. La Navidad es una pesadilla que me persigue. Además tengo la sensación de que cada año llega más pronto. Desde noviembre las luces ya se ven por las calles, la lotería se vende en doña Manolita, los polvorones se distribuyen en los comercios, los trabajadores se pelean por las vacaciones, el Corte Inglés inicia su Cortilandia, las bandas de música tocan villancicos, la Plaza Mayor abre sus puestos, las empresas reservan mesas para cenas.

Yo salgo a la calle estos días, veo los decorados de calles y negocios y me pregunto quién paga todo eso. Estamos en crisis, pero en Navidad nunca lo parece. El dinero, público y privado, despilfarrado en estas fechas se podría invertir en ciencia, en arreglar el pavimento o en sueldos a becarios como yo. ¿Y ese afán por la lotería? ¿Qué parte no se entiende de que no tiene sentido jugarla? La venden los trabajadores, los comerciantes, los taxistas, los niños doblegados por sus profesores. Se llega con todo a un consumismo viral en el que muchos caen por el miedo a «Y si toca en mi empresa, ¿seré el único pringado que no gana nada?» o «Y si toca en la clase de mi niño, ¿seré la única mamá que se quede sin un duro?». Hay gente que hace colas interminables bajo el frío y la lluvia del invierno para comprar su boleto. ¿Por qué, mundo cruel?

Tampoco disfruto tantos meses de espera para los polvorones. Hay comidas para las que entiendo la estacionalidad; por ejemplo, es difícil cultivar melocotones en invierno. Pero no veo nada de malo en comer polvorones, roscones de Reyes o turrón en verano.

De los días de vacaciones poco puedo decir. Como becario que soy no tengo derecho a ninguno. Debe de ser algo bueno, porque siempre ha sido así y no lo ha cambiado nadie. Tengo amigos en empresas en las que hacen la vista gorda y, a escondidas de los jefes importantes, les dejan cogerse un par de días. Pero a mí no. Aunque tampoco las quiero. ¿Qué hago con ellas? No tengo dinero para nada. Mi sueldo miserable apenas me da para vivir. Espero que me toque la lotería esa.  Además no quiero vacaciones en Navidad. Quiero vacaciones en marzo, octubre, febrero, noviembre… No en Navidad. No en temporada alta. Pero es política de empresa. La empresa obliga a coger vacaciones en temporada alta. Para las madres viene bien, por los niños. Pero a mí, cuando sea un empleado con contrato en mi empresa, no me servirán de mucho.

Los villancicos no facilitan el paso de los días. A mí me gusta Alt-J o la música del diablo, no los villancicos. Pero están por todas partes. Conozco gente a la que le gustan los villancicos, a la que le hacen ilusión. A saber.

La familia también es algo típico en Navidad, como lo puede ser el Belén o el árbol. Algunas familias están bien pero yo no tengo claro qué es eso de familia. Desde mi modesto punto de vista, es una gente a la que veo en Navidad. En algunos cumpleaños también. Poco más. En mi familia ideal nos reuniríamos en torno a una chimenea y cantaríamos Daddy sang bass pero nadie hace eso. Lo que muchos hacen es quedar en casa de los abuelos, cenar lo más caro que se puedan permitir e ilusionarse por ver a los suyos. No sé qué hacen en esas familias cuando dos miembros no se llevan bien. Me cuesta creer que todos se gusten. Tengo amigos que adoran ver a su familia en Navidad pero no lo entiendo. ¿No han podido verla antes?

Ahora bien, creo que el colmo de la Navidad es lo que se celebra. Se gasta un dinero que no se tiene para ver a gente a la que no se quiere ver. Absurdo. Pero la excusa además es que nace el niño dios. ¡Acabáramos! El cristianismo no solo es una religión sino que ha llegado a ser una tradición entre gente atea. Personas que no muestran ni un ápice de afinidad por Jehová celebran la Navidad por todo lo alto. Siguen la tradición cristiana porque así han sido educados (y luego no se han parado a pensar que quizá haya otras cosas que hacer). A los niños desde pequeñitos se les transmite que la Navidad es buena, con eso de que reciben regalos. Por añadidura muchos van a clases de religión en la escuela. Cuando yo era pequeño, veintiuno de los veinticinco alumnos de mi clase iban a la asignatura. ¿Qué les contaban sobre la Navidad? ¿Cuántos de esos compañeros míos saben realmente lo que se celebra estos días? Mi día favorito es el 28, el día en que conmemoramos la sanguinaria matanza de bebés con bromas de todo tipo. ¿Tan mal gusto tenemos?

Da igual. Se celebra la Navidad sin ton ni son, se gasta a espuertas con gente por la que no se muestra afecto alguno a lo largo del año. Toda la farsa de estas fechas es una falta de respeto a todos los que no pueden permitirse tal despilfarro, como yo, a todos los que tienen buen gusto musical, como yo, y a todos los cristianos que ven en su religión algo más que una excusa… como yo también.

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