En busca de la nueva silueta

Septiembre es un mes muy intenso para la industria de la moda. En él se concentran y se solapan las semanas del prêt-à-porter de distintas ciudades del mundo que operan como centro neurálgico de arte y negocio en Occidente. Nueva York, Londres, Milán, París. También Madrid y muchas otras que no logran calar en la prensa internacional. Diseñadores y casas exhiben su trabajo para la primavera del 2015, y la trascendencia de esto reside en la silueta que de ahí emergerá y descenderá a la distribución de las marcas low cost, siendo asumida por sus compradores en todo el mundo.

Además estas semanas de la moda han manifestado nuevas formas de negocio que tienen como objeto revitalizar un modelo caduco de temporadas y un formato anticuado como el de la pasarela, que llegaba a pecar de vacuidad. “Somos más conscientes de la realidad y buscamos la venta. La pasarela es el medio y no el fin”, eran las declaraciones de Ana Locking, que exhibía en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, recogidas en El País por Eugenia de la Torriente, y añade, “el objetivo debe ser vestir a la gente”.

Una declaración de intenciones traducida en gestos durante este mes de moda. La colección exhibida en Nueva York por Versus de Versace estaba disponible online inmediatamente después del desfile. En Milán, Moschino hacía lo propio lanzando a la venta una colección cápsula. Giambattista Valli debuta con Giamba, una nueva línea de precios más reducidos.

Stella McCartney, por Giovanni Giannoni

Stella McCartney, por Giovanni Giannoni

La puesta en escena sigue  creciendo en importancia en las pasarelas. En Nueva York Marc Jacobs instalaba una casa rosa chicle gigante presidiendo el espacio, y en París Karl Lagerfeld organizaba para Chanel una manifestación feminista en un decorado que emulaba un boulevard parisino. Opening Ceremony cambiaba el desfile clásico por una obra de teatro escrita por Spike Jonze, y en Madrid, para celebrar sus 15 años en el mundo de la moda, Duyos prescindía de modelos en favor de las bailarinas del Ballet Nacional de España, dando lugar a una muestra que impresionó a la prensa especializada nacional. La tendencia es la espectacularidad, que desplaza la atención de las creaciones en una pasarela internacional en la que las grandes ideas han brillado por su ausencia.

No ha sido este un mes de la moda demasiado elocuente en términos generales. Algunos argumentan que el ritmo de presentación de colecciones a lo largo del curso no deja tiempo a la innovación y a la creatividad. Es el caso de Jean Paul Gaultier, quien desiste definitivamente del prêt-à-porter para centrarse en la alta costura, un terreno que siempre le ha dado más pie a dar vía libre a su imaginación. Con una gran fiesta y la representación de un concurso de belleza en el que se reconocían las creaciones más icónicas de su carrera, el modisto se despedía de la moda comercial.

El peso del pasado es lo que parece ejercer presión sobre el trabajo de aquellos que diseñan para las grandes casas que exhiben en París. Cuando la firma se convierte en institución y pide respirar por sí sola el problema reside en respetar la esencia, una identidad intangible que la hace diferenciarse de las demás, sin olvidarse nunca de responder al tiempo propio.

Dior, por Giovanni Giannoni

Dior, por Giovanni Giannoni

En Dior, Raf Simons capea el temporal con una extensión de la colección de alta costura alrededor de la moda del XVIII que ya presentó este verano en París. Insiste en las túnicas abiertas sobre pantalones y las faldas con forma de crinolina (armazón que elevaba la falda a la altura de las caderas en la época), dando vida a una María Antonieta urbana de aire futurista en una gama de blancos con pinceladas de negro y rosa.

Menos fortuna parece tener el resultado cuando la revisión propia se convierte en tema. Es el caso de Ricardo Tisci para Givenchy, con sus musas de inspiración gótica, o de Hedi Slimane para Yves Saint Laurent.

El abrazo de Slimane a la inspiración grunge se prolonga una temporada más, y lo que ayer era controversia hoy ya no impacta a nadie, amparado en las ventas y el eco de la moda urbana. Con su entrada como director creativo en Yves Saint Laurent en 2012 consiguió revitalizar el pulso de la firma haciendo saltar algunas voces de alarma. Su primera colección para YSL encarnaba el espíritu rebelde de los 90, camisas de cuadros sobre LBDs (siglas para Little Black Dress), botas moteras, chaquetas de punto oversized combinadas con vestidos de flores y una silueta ajustada por la que sigue apostando hoy, cuando sus colegas han optado por ensancharla. Un mensaje totalmente callejero que provocó polémica por su parecido con lo que podría ser la oferta de Zara. Alguno se preocupó pensando qué pensarían fieles adeptas como Catherine Deneuve. Sin embargo Slimane, además de obtener el visto bueno de Deneuve, provocó un aumento en las ventas y una oleada de imitaciones en el terreno low cost que todavía perdura este invierno.

La historia de la firma le ampara por derecho. El propio Yves Saint Laurent desafió la identidad de elegancia clasicista de Dior en 1960 con una colección inspirada en los looks de los jóvenes de la llamada Rive Gauche, nombre con el que en París se conocía a lo que en EEUU se dio en llamar beatnik o generación del latido, una corriente existencialista que rechazaba el materialismo y que contó con importantes nombres de las artes como Jack Kerouac, Allen Ginsberg o incluso Bob Dylan. La ascensión de la moda más rebelde de la calle a las pasarelas bajo el nombre de Dior supuso la salida de la casa de Saint Laurent ese mismo año.

Pero tras un debut en el que demostró su talla para YSL, Slimane parece haberse acomodado en un único concepto, jugando la carta del glam rockero a través de la moda de los 90, los 60 y ahora los 70. Una estrategia que se le ha agotado entre las manos.

Aunque por la cantidad de nombres importantes que desfilaban en París podríamos haber esperado mucho más de esta última semana de septiembre no hay que ser tremendistas y pensar que no hemos sacado nada en claro. Y es que en líneas generales se ha establecido cierto consenso en la delimitación de una nueva silueta, y es aquí donde reside la verdadera relevancia de estas citas.

Los trabajos presentados en estas pasarelas tendrán un correlato en lo que vestirá la gente en la calle dentro de seis meses, a través de la moda distribuida por las marcas de ropa más asequibles. Afectando, por tanto, al espectro de oferta disponible en el que el consumidor se mueve para encontrar una apariencia con la que se sienta cómodo y le sirva como elemento de exteriorización de su identidad.

La moda no se entiende si no actúa como elemento de anclaje del individuo en la sociedad en la que se desenvuelve. La ropa, la silueta que presta la moda a la gente para existir en un espacio-tiempo determinado, contribuye en importante medida a definir la estética de una época, y la estética se debate en el centro de la formación del pensamiento de la misma, siendo a veces causa y otras, consecuencia.

El tiempo se expresa a través de la moda, igual que ocurre con otras formas más ortodoxas de arte como la música o la arquitectura, ya sea para sacudir los conceptos asentados con una dosis de innovación o una intención de rebeldía, o para perpetuar un sentido de la belleza o de la funcionalidad tradicional. En la semana de la moda de París se han escuchado voces que hablan de una silueta de parámetros comunes.

Kenzo, por Giovanni Giannoni

Patrones envolventes. Capas sobrepuestas. Kenzo sintetiza en su propuesta la tendencia dominante. También Stella McCartney se hace eco de un mensaje similar. La ropa se hace ancha, el tejido se separa de la piel, la silueta se torna lánguida. La importancia se concentra en el espacio piel-tejido con juegos de transparencias que se han exhibido de distintas formas a lo largo de todo el mes, o con recortes estratégicos que focalizan la atención en distintas partes del cuerpo.

También en Nueva York, The Row anticipaba la tendencia con una hábil colección. Las creaciones de las hermanas Olsen para la próxima primavera presentan a una mujer colmada de serenidad. Blanco roto, colores puros y neutros que huyen del artificio en una apariencia orgánica, no-tratada, y formas drapeadas que respetan la caída del tejido y fomentan la sensación de movimientos pausados. Una propuesta firme que descansa en la naturalidad y en una belleza desnuda.

The Row, courtesy

Reflexiones sobre el cuerpo y su desnudez también hubo en París. La Maison Martin Margiela empleó un discurso mucho más asequible para todos, comercial incluso, que las creaciones conceptualistas a las que nos tiene acostumbrados. Las prendas se abrían en determinadas partes del cuerpo mostrando un falso desnudo, pues la piel se cubría con un tejido nude.

La colección de Yohji Yamamoto sí que ha provocado sorpresa en la prensa internacional. Uno de los más firmes defensores de una mujer independiente, inteligente, casi inalcanzable, que siempre ha rehuido de explicitar la sensualidad material del cuerpo, presenta en París una colección eminentemente sensual. Modelos a medio vestir, prendas desatadas, mal colocadas sobre su cuerpo, muy despeinadas, con el pelo pegado por una gomina que imita el efecto del sudor. Da la impresión que la mujer de Yamamoto ha tenido que salir corriendo y ponerse lo primero que ha visto. Sin embargo consigue hacer esto de una forma elegante, reivindicando una sensualidad no exuberante, que no convierte a la mujer en un estímulo del erotismo para la mirada masculina. El desnudo se centra en cada pieza en una parte distinta del cuerpo, haciéndonos focalizar la mirada cada vez en un punto distinto, revelando finalmente el cuerpo femenino como si fuese la primera vez que nos enfrentamos a esta visión, huyendo de la saturación mediática del desnudo pornográfico.

Yamamoto, por Giovanni Giannoni

Yamamoto, por Giovanni Giannoni

Por su parte, en Nueva York, las pistas han ido encaminadas a constituir una imagen mucho más funcional de la mujer de hoy. Destacó Victoria Beckham por una propuesta elegante y práctica, pensada para una mujer plenamente activa.

La moda deportiva monopolizaba las pasarelas de esa primera semana desde varios flancos. Sobre todo el diseñador Alexander Wang, que dedica todo un homenaje a la zapatilla deportiva reinventándola en prendas. Las sneakers adquieren toda su fuerza simbólica de dinamismo y juventud, paradójicamente sin que ninguna modelo calce ninguna. Las líneas azules y negras de Calvin Klein contribuyen también a la estética deportiva vista en Nueva York, mientras que en Londres tomaba el relevo Topshop Unique.

Otro concepto recurrente a lo largo de la semana ha sido el de uniforme, y las líneas y paletas militares. El más representativo de esta tendencia ha sido Marc Jacobs, con una colección que, aunque él se niegue a realizar lecturas complejas de las creaciones, era a todas vistas altamente conceptual.

En un escenario en penumbra presidido por una enorme casa rosa, modelos de aspecto idéntico desfilan vistiendo prendas que versionan los componentes de los uniformes militares, manteniendo el cinturón como elemento de continuidad. Jacobs recupera el uniforme porque dice que ha perdido su simbología de rebeldía en el contexto de la moda joven, que ya no significa nada. Sin embargo sus modelos autómatas y la puesta en escena basada en The Girl With The Chewing Gum (John Smith, 1976) hacen pensar en la alienación de una sociedad industrializada.

Sacai, por Giovanni Giannoni

Ralph Lauren compone un mensaje totalmente distinto basándose también en ideas próximas al uniforme militar. Su safari glam evoca una elegancia clásica, en relación con los años dorados de Hollywood. Logra sorprender en sus propuestas nocturnas combinando camisas safari con esplendorosas faldas con vuelo de tejidos vaporosos. Pero la apuesta más original dentro de la tendencia del uniforme militar la hemos visto París con Sacai.

Chitose Abe despliega con habilidad en su colección la dicotomía de la identidad femenina actual entre aquello que es por tradición lo femenino y aquello tomado de la estética masculina. Paradójicamente armónica, la propuesta de Sacai desconecta el mensaje de la parte frontal de las prendas con la trasera, combina faldas con casacas militares abotonadas y toques étnicos y consigue salir airosa de ello.

Conclusiones prácticas de rabiosa actualidad que se extraen en el seno de un mes de moda poco emocionante, sin muchas sorpresas, en la que las grandes firmas no han estado a la altura de su nombre con propuestas de escaso interés. Queda prestar atención, como siempre, a los márgenes de la industria para intentar obtener una explicación de por dónde se mueve estéticamente la identidad de hoy, y esperar a la siguiente cita, en la que esperemos que los esfuerzos de la puesta en escena se equilibren con el contenido de las colecciones.

Fotografía de portada: Colección de Juanjo Oliva para la MBFWM. / Dani Pozo (AFP)

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