Laurita Mazapán: “Todos podemos hacer Arte”

Barrotes

Entrevistar, aunque sea a través de Skype, a Laura Bazán Martín es toda una experiencia. Aparece en la pantalla, con los cascos puestos (“Es que no oigo bien por el oído izquierdo”), ropa cómoda, pelo suelto y una sonrisa amplia. En el curriculum vitae de Laura, española de treinta y dos años residente en Londres desde hace dos, destacarían la licenciatura en Enfermería, en Psicología y que además está especializándose en Arteterapia; también que actualmente tiene un trabajo estable como enfermera psiquiátrica del departamento de drogadicción, en una cárcel de máxima seguridad londinense. Algunos datos más terminarían de redondear un perfil de mujer competente, decidida y valiente que probablemente muchos centros estarían encantados de tener. Sin embargo, detrás de ella (o delante) acecha Laurita Mazapán: fotógrafa, pintora y artista. Laura, Laurita, es campo. Es mariposa, flor, grieta, es leoparda y ojos-espejo, ciénaga, tentación, lágrima, lluvia y bambú. Cada una de sus innumerables almas surge sobre su cuerpo (literalmente) y queda plasmada en sus fotografías con potencia. Nos adentramos en el laberinto de su obra. Tened cuidado, que muerde.

Cuentas que la pintura forma parte de tu vida desde muy pequeña… ¿cómo empezaste?

Ya con cuatro años me gustaba muchísimo, pedí que me apuntaran a un curso de pintura y así comenzó todo: poco a poco pasé de la experimentación pura a interesarme por la técnica y las ideas. Comencé a ir a concursos los fines de semana, aunque creo que me gustaba todavía más por la experiencia de ir con mi padre a lugares perdidos, conocer a muchos pintores, aprender técnica directamente de ellos… en realidad fue ahí cuando más aprendí. Además, un vecino también pintaba y a veces trabajábamos juntos. Hice muchos cuadros, ¡incluso vendí algunos! Cuando empecé Enfermería, con 18 años, lo deje totalmente ¿Por qué? Por espacio (las pinturas huelen mucho, el aguarrás, los lienzos…) y porque mis intereses comenzaron a cambiar, así que lo abandoné por completo. En quinto de Psicología me fui de Erasmus a Roma, donde conocí a mi novio y a mi compañero de piso, ambos fotógrafos, y volví a tener contacto con el Arte. Fue entonces cuando empecé con el street photography. Aunque no era lo que más me gustaba, experimenté la necesidad de crear otra vez, de tal manera al volver a España y antes de irme a Inglaterra, no sé muy bien porqué, me pinté con ceras Manley simulando una cara, y me hice una foto súper cutre (¡me da vergüenza hasta pensar que tuve el valor de publicarla!). No sabía exactamente qué teclas había tocado, pero me había gustado muchísimo. Al llegar a Londres compré unas pinturas de cuerpo y poco a poco se convirtió en una necesidad lo que había comenzado siendo un experimento. Un día alguien me dijo “podrías esforzarte más, mejorar, y sacarle partido a esto que haces”. Así que me puse a ello y hasta ahora.

Llama la atención que cuando llega la hora de decidirte por una carrera, en lugar de hacer Bellas Artes, siguiendo con tu estela artística plástica, te decides por Enfermería, claramente terrenal.

Ocurren dos cosas: por un lado acabé bastante quemada del mundo del Arte. Tenía claro que quería pintar libremente, y me encontré rodeada de personas que me decían lo que tenía que crear y cómo crearlo, así que me dejó de motivar hacer “paisajes y jarrones”. Sentía que lo que hacía sólo me gustaba a mí, entonces ¿para qué dedicarme a ello profesionalmente? Mejor dejarlo como un hobbie. Por otra parte, siempre he querido ser enfermera. De hecho, una de mis obras habla del origen de esto, “Colombia 1985”. Tiene que ver con una tragedia que sucedió en Colombia cuando yo tenía tres años, (¡no entiendo cómo puedo acordarme! Fue una situación definitiva en el rumbo de mi vida): había una niña atrapada por las piernas en unas inundaciones que tardó tres días en salir, durante los cuales se retransmitían las imágenes constantemente por televisión. Con tres años viví la impotencia de querer ayudar a alguien y no poder, por eso con más edad decidí ser enfermera y, más tarde, psicóloga.

Dices que lo que tú haces es body art, no body painting, ¿cuál es la diferencia?

El body painting es una técnica, muy basada en el realismo y en la que se trabaja mucho con camuflaje y simulación, pero el body art es un concepto. Yo creo que la técnica hace al artesano pero la creatividad hace al artista, aunque no tengan por qué estar separadas estas dos aptitudes. En mi caso, pintar el cuerpo es un fin en sí mismo, no es un mero medio.

Colombia 1985

Colombia 1985

Nos hablas de conceptos, de artistas, artesanos, creatividad… ¿Puedes definir Arte?

Es una forma de expresión y comunicación insustituible, tanto para los demás como para uno mismo, ya que muchas veces, tras su creación, la propia obra te devuelve una interpretación en la que quizá nunca habías pensado. A éste respecto, hay dos tipos de obras: las encarnadas y las diagramáticas. Las últimas son aquellas en las que te planteas lo que quieres representar, lo representas y se usan para transmitir información al resto. Las encarnadas son aquellas en las que, partiendo de una idea, te dejas llevar y se utilizan para transmitir, principalmente, información hacia ti mismo. Es verdad que una obra es raro que sea completamente diagramática o encarnada. Un ejemplo de obra diagramática sería “Connection”: es una obra fácil, todo el mundo la entiende, le gusta y está claro lo que quiere transmitir. Un ejemplo de obra encarnada sería “Mis espejos”, en la que eso no está tan claro. Sin embargo, y como he dicho, el Arte es comunicación, y por tanto hay dos elementos inseparables: público y artista, dos interlocutores implicados en esa interpretación. Eso es lo maravilloso, que una obra puede tener múltiples interpretaciones dependiendo del estado y experiencia de cada persona del público, al igual que dependiendo del estado del artista en el momento de la creación y en su contemplación posterior. Es un continuo movimiento.

¿Tiene que tener para ti unas bases?

Para mí, el Arte está al alcance de todos: todos podemos hacer Arte aunque no tengamos técnica, porque es una forma de expresión y todos tenemos derecho a comunicarnos. De hecho, creo que todos deberíamos utilizar esta vía, aunque me da la sensación de que mucha gente deja de hacerlo porque lo que crea no es “a gusto de consumidor”. Ahora, una cosa es lo que produzcas y otra cosa es lo que hagas con tu obra. Aunque todos deberíamos crear, si se quiere exponer sí se debería cumplir con ciertos requisitos. Mi vecino pintor siempre decía “Laura, aprende a pintar, y una vez aprendas lo deformas como quieras”. Creo que, si pretendes comunicarte con los demás hay que tener una técnica y una intención mínimas, no vale tener tu propio mundo sin contar con el resto. Por otra parte, sucede que para exponer hace falta mucho dinero, tanto que a veces es totalmente inalcanzable, por tanto ya no hablamos de comunicación y todo lo demás, sino de economía: no pocas veces los que exponen no son ni siquiera artistas sino gente pudiente, y eso es ofensivo. El problema está en el comercio del Arte y siempre hay que plantearse hasta qué punto lo que está más en el mercado es por calidad real o porque es “lo que te venden que es bueno”.

¿Sería lo mismo pintar sobre tu cuerpo que trabajar con cualquier otro soporte igual de efímero: agua, humo, arena, quemar la obra…?

No, para nada. Utilizo el cuerpo porque intento captar el interior de alguien, por eso pinto sobre ese alguien: es un retrato y lo que aparece es la imagen de fondo, pero lo que está en la fotografía es su historia en un primer plano. El cuerpo no tiene nada que ver con otros soportes, no como yo lo concibo. Por ejemplo, cuando conseguí “Leopardo”, me demostró a mí misma lo fuerte que podía llegar a ser. Si la hubiera pintado sobre un lienzo no hubiera tenido el mismo efecto, no hubiera significado lo mismo. Es verdad que quizá sí podría pintar en un árbol muy concreto, pero es por la relación conmigo, no por el soporte. Mi pueblo es muy especial: pequeño, en plena naturaleza y viví en él muchos años.

¿Es de ahí de donde sacas tu simbología, tan característica? Tantos motivos naturales y colores vivos, hasta en tus obras más tristes.

Pues posiblemente aunque no lo había pensado antes… mira, fíjate, esto es lo que te explicaba de las imágenes encarnadas, ¡cómo te devuelven información en la que no habías reparado! Es increíble, ¡y eso que llevo años haciendo body art! Añoro mi pueblo y su la naturaleza… ¡hasta he grabado el canto de sus grillos en el móvil para escucharlos de vez en cuando! Será por eso que utilizo motivos naturales. ¿Los colores? Siempre he sido de colores vivos, pero aquí echo de menos el Sol y la luz, porque aquí la luz es blanca, de nubes (hay aproximadamente sesenta días al año de Sol) y los colores son muy pálidos. Probablemente por eso los use tanto. El color y la naturaleza son lo que más me falta.

Leopardo

Leopardo

¿Cómo surgen tus obras?

Parto de una idea y el resto fluye naturalmente. Por ejemplo, en “Rota”, primero pinté la grieta… el resto surgió, me di cuenta más tarde. Como verás, soy bastante encarnada. Hay otra pintura bastante especial a ese respecto, “Mis espejos”, de la que ya te he hablado antes. Tiene que ver con las miradas-espejo, un concepto de psicoanálisis que habla de la información que se ofrece a través de las miradas, la cual sirve de guía y de reflejo para el que las está recibiendo. El ser humano está compuesto de cómo se ve a sí mismo y de cómo le ven. Me he dado cuenta de que mis miradas-espejo están allí, en España y las echo de menos. Un día que sentía más que nunca esa falta surgió esa foto: sin pensarlo demasiado pinté sobre mi cuerpo mis miradas-espejo.

Trabajas de psicóloga, ¿verdad?

No actualmente, aunque hago prácticas de arteterapia por mi especialización, pero trabajo como enfermera de Psiquiatría en una cárcel de máxima seguridad, en el departamento de drogadicción (trabajamos sobre todo con alcohol, heroína y valium). Aquí la enfermería está muy especializada y tienen muchísima responsabilidad, por tanto me viene fenomenal poner en práctica mis conocimientos de psicología.

Te tiene que influir un montón estar con ese tipo de pacientes.

Bueno, paso muchas horas en mi trabajo así que influye muchísimo en mi arte, está claro, pero quizá no de la manera que te puedas imaginar: lo que más me ha influido ha sido el idioma, porque tengo un problema de audición y hasta que le he puesto solución me costaba todavía más entender, y el ambiente laboral multicultural, en el que predomina la gente africana. El choque de culturas es brutal. En Inglaterra no hay casi enfermeros, por lo que el Gobierno te paga por estudiar Enfermería, de tal manera que es una salida para gente que necesite ganarse la vida: te pagan durante tres años, tienes una profesión reconocida y te pagan un sueldo decente, aunque no seas tan rico como pueda serlo un banquero (que es lo que todo el mundo quiere ser en esta ciudad). Cuando comencé a trabajar era la única mujer del equipo junto con una nigeriana de cincuenta años. Tuve que aprender a sacar mis garras porque, como te decía, el choque de culturas es muy fuerte. Ellos (mujeres y hombres) son tremendamente machistas, lo tienen completamente interiorizado. Ahora el ambiente es mejor, a pesar de que les cuesta tragar que soy la sustituta de mi jefe cuando no está, pero es porque soy la excepción, no porque les haya cambiado el esquema mental. Como te he comentado, el primer año fue terrible porque en el trabajo se me marginó brutalmente y fui objeto de desprecio constante hasta que mi jefe dijo “Laura, ni se te ocurra permitir que te hagan eso: sé que tienes uñas y dientes, demuéstralo”. Y lo hice: me volví rosa, mujer, con pechos, uñas y dientes. Así surgió “Leopardo”, una imagen que estaba muy presente en mi cabeza cada vez que mis compañeros tenían actitudes machistas, y gracias a eso logré plantarme.

Violencia machista.

Totalmente. Los episodios iban desde retirarme de los casos difíciles hasta poner en duda todas mis decisiones, pasando porque mi periodo de prueba fue el más largo, hacerme más preguntas que al resto, no aceptar mis órdenes el personal subordinado, no reconocer que pudiera tener más capacidades que algunos de mis compañeros, ignorarme… ¡Hasta el psiquiatra del centro! Pero es que para mis compañeros no es que sea mujer, sino que soy mujer ¡y blanca! También existe racismo a la inversa. Ahora mismo es distinto, pero no porque les haya roto el esquema, sino porque, como te he dicho, soy “la mujer distinta”. Tampoco hay que olvidarse del llamado “machismo benévolo”, muy de moda entre los ingleses e igualmente discriminatorio, con el que también hay que lidiar.

¿Cuánto crees que queda por hacer con respecto a la igualdad de género?

Mucho. Queda muchísimo por hacer. Estoy harta de tener amigas que cobran menos que sus compañeros o a las que se cuestiona más, simplemente por el hecho de ser mujeres. Por otra parte, con respecto a la igualdad de género hay que tener en cuenta dos cosas: la primera es que hay dos machismos, el tradicional, más o menos rechazado por todo el mundo, sobre todo si incluye violencia física (porque la violencia psíquica o verbal se entiende peor y se tolera más) y el benévolo, el de los “caballeros”, que se lleva muchísimo en Inglaterra. Son esos pequeños detalles de ser más condescendiente, considerar que “como es mujer, es más inestable”, “es mujer y es más débil”, considerar que la cocina siempre se nos dará mejor porque estamos acostumbradas, etcétera. En España se ha cambiado, creo yo, ya no se lleva tanto ese modelo de hombre, pero aquí es diario, disfrazado de educación lo que en realidad es minusvaloración. La segunda cosa a tener en cuenta es que el intercambio cultural que estamos viviendo hoy día es muy fuerte, y con ese intercambio cultural también vienen nuevos machismos, más reforzados, más fuertes y con menos lucha detrás. No hay sólo que defenderse ante el machismo benévolo, sino ante el machismo tradicional tan presente en otras culturas con las que tenemos contacto permanentemente por la situación global de migraciones.

Connection

Connection

Me hablas de España, ¿te has planteado volver?

Me lo planteo cada día de mi vida. Echo de menos mi lugar, mi gente, mis amigos, mi familia… Aquí todo es muy diferente. Conozco a muchísimos ingleses y me caen muy bien, son personas fantásticas que te escuchan, te apoyan cuando lo necesitas, con las que te lo pasas bien… pero siempre hay un tope, siempre hay una barrera que nunca van a pasar, ni siquiera entre ellos. Mi mejor amiga es nigeriana, de hecho. Conozco gente, claro, pero Londres es una ciudad gigante, de tal manera que te suele costar al menos una hora quedar con alguien, así que casi nadie está dispuesto a tomar un café o dar una vuelta; además los días libres son en diario, ¿quién libra un miércoles? Nadie, y encima seguro que llueve. Esto es… esto es la soledad. Vivo con mi pareja, por supuesto, que supone un soporte total, pero es muy duro. Echo de menos el Sol, la luz, los colores, el calor… ¿Sabes? Aquí tengo una vida práctica perfecta: un trabajo fijo, una casa y un sueldo. Pero es eso, una vida práctica, no una vida completa. Ojalá tuviera allí las condiciones laborales que tengo aquí, pero es imposible volver, al menos todavía.

Antes me has dicho que hacías un máster en arteterapia, ¿qué es eso?

La arteterapia surge de un enfoque psicoanalista y se basa en la creencia de que el proceso creativo ayuda a resolver conflictos, desarrollar habilidades sociales, reducir el estrés, alcanzar la introspección… Es una terapia “per se”, es decir, no es una co-terapia. Sin embargo, como psicóloga, opino que se puede combinar muy bien con otro tipo de terapias, adaptándose a las necesidades del paciente según el momento. De hecho, aunque surge del psicoanálisis, se ha ido abriendo y ahora existe arteterapia que utiliza técnicas cognitivo-conductuales, que van mucho más “al grano”. La arteterapia tiene tres fases, durante las cuales se activan los distintos lados de un triángulo en cuyos vértices se encuentran terapeuta-obra-paciente, y se suceden de ésta manera: terapeuta-paciente, obra-paciente, obra-paciente-terapeuta. Pero además yo añadiría una cuarta fase que sería volver a la fase primera, para trabajar con todo el material que ha salido. Pero ¡ojo! Los arteterapeutas no interpretamos, porque la interpretación corresponde al paciente, aunque con ayuda del contexto y ciertas claves que nos han dado estudios científicos, podemos ayudar a ello. Por otro lado, la mayoría de los terapeutas, como son psicoanalistas, son “no directivos”, es decir que dejan al paciente que vaya a su ritmo, no recomiendan ejercicios ni dan pautas. Sin embargo cada vez más hay arteterapeutas diferentes, que sí pautan tareas para ir a las siguientes sesiones con el fin de avanzar más rápidamente e ir más “al grano”.

¿Y los resultados?

Pues muy buenos. De hecho, con mucha frecuencia se llega antes y con más limpieza al quid de la cuestión que con otras terapias quizá más conocidas.

Háblanos un poco de tus proyectos actuales y futuros.

Los proyectos que tengo ahora abiertos son también mis proyectos futuros, porque forman parte de mi día a día, tanto “Retratos internos de otros” como “Retrato de mi vida”. Otro proyecto ya finalizado se llama “Detrás de la enfermedad crónica” en el que intento reflejar la enfermedad más allá del concepto biológico, encontrar cómo lo experimenta cada persona. Por ejemplo, en el caso de una amiga que es celíaca: ir a tomar algo y no poder, cambiar radicalmente tu estilo de vida, dejar las cosas que tanto te gustaban… También estoy exponiendo. Me encantaría hacerlo de forma individual, todavía son exposiciones colectivas, ¡no me puedo permitir otra cosa!

¿Cuál es tu postre favorito?

¡Todo lo que tenga chocolate! (risas), si no tiene chocolate no es un postre.

¿Qué canción has escuchado hoy al llegar a casa?

“Fix you”, de Coldplay.

¿Quién es tu mayor crítico o crítica?

Filippo, mi chico.

¿Y cuál ha sido la mayor crítica que has recibido?

Bueno, he tenido muchas positivas pero creo que es porque nadie se atreve a decir las negativas. Quizá aquella mujer que me instó a que me esforzara más… sí, creo que esa fue una buena crítica porque me hizo crecer.

¿Laurita Mazapán?

¡Qué bien que me lo preguntes! Laurita porque todo el mundo me ha llamado Laurita y seré siempre Laurita. Lo de mazapán es porque cuando estaba en el instituto (esto me da un poco de vergüenza pero te lo voy a contar) un chico al que tengo mucho cariño, Hugo, me dijo que era muy dulce y estaba muy buena, e hizo el juego de palabras con Bazán y Martín, mis dos apellidos. Aún hoy, personas muy cercanas me llaman Mazapán… así que me pareció que eran dos nombres muy míos.

¿Qué consejos le darías a tu Yo de hace diez años?

¡Madre mía!… que no puedes gustar a todo el mundo: si gustas a todo el mundo, mal, y viceversa. Que no te quiten la idea de lo que eres, porque si te pierdes a ti mismo estás destinado a que te devoren, y que la felicidad depende completamente de ti. Hay que entender que muchas veces cuando te están haciendo daño es porque esa misma persona lo está pasando mal, y cuando te das cuenta de ello en lugar de miedo termina por darte pena. El miedo paraliza, te absorbe…

Si hubieras sido Sócrates, ¿te hubieras tomado la cicuta?

No. No me la tomaría. No lo que piensa todo el mundo es lo correcto. En mi caso, si hubiera seguido la voluntad de todo el mundo, si “me hubiera tomado la cicuta”, me hubiera marchado de la cárcel. Decidí quedarme y demostrarles que los que estaban equivocados eran ellos. Y lo hice.

Captura

Website de la artista: http://www.lauritamazapan.com

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7 Respuestas a “Laurita Mazapán: “Todos podemos hacer Arte”

  1. Pingback: Arte e curiosità dal mondo – I ritratti di vita di Laurita Mazapán | Barbara Picci·

  2. Una artista y una mujer muy interesante, Camila. Me han encantado las muestras de sus obras que has añadido a la entrevista. Desde el punto de vista personal, en lo que comenta sobre su vida en el extranjero, me he sentido totalmente identificada. Gracias por acercarnos a ella. Un beso.

    • ¡Hola! Qué bien que te haya parecido interesante, me alegra un montón, y más viniendo de ti, que no es que tengas un criterio formado, ¡sino lo siguiente!
      Con respecto a las imágenes, eso no son cosa mía, sino de mi editor, Juristo. Comparto totalmente tu opinión: creo que están estupendamente elegidas.
      Un abrazo muy fuerte y gracias de nuevo por interesarte… ¡me gusta un montón que haya tocado hasta tu tema personal! Al final quienes hacen verdaderamente Historia son las personas a las que nadie conoce.

  3. ¡Qué interesante entrevista Camila, y qué interesante persona es Mazapán! Muchas gracias. Un besazo gordísimo de Fabiola

  4. Es muy interesante, hermoso y alentador constatar la existencia de creador@s que se expresan libres de miedo a rebelarse contra lo establecido a partir de un trabajo polifacético que crece con inteligencia, esfuerzo y personalidad. Magnífica entrevista, ¡¡ un soplo de aire fresco !!

    • Como dijo un profesor mío una vez “los cambios los producen los heterodoxos”.
      Muchisimas gracias, por disfrutarla y saber apreciar tanto el trabajo de la artista, como en de la entrevistadora.
      ¡¡Un abrazo!!

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