Libros, lectores y azar. ¿Quién encabeza las apuestas para el Nobel?

Para nadie es un secreto que el Premio Nobel de Literatura mueve todos los años millones de dólares alrededor del mundo. Sin embargo, a menudo tendemos a pensar que todo ese dinero tiene que ver directamente con la industria editorial y, especialmente, con las hondas repercusiones mediáticas que un premio de tales características genera en el sector. Me refiero, por supuesto, al mar de re-ediciones y ediciones que suscita, al que hemos de añadir algún que otro contrato cinematográfico, entrevistas en periódicos, programas de radio y de televisión y, en el caso de los escritores más populares, incluso merchandising asociado, desde tazas para el desayuno hasta chapas y libretas. Es innegable que todo este movimiento llama la atención, pero eso no debería ser excusa para que, año tras año, ya sea por romanticismo o por sencilla distracción, se nos pasen por alto las apuestas.

Chapa "Yo leo a Alice Munro", ganadora del Premio Nobel de Literatura 2013.

Chapa “Yo leo a Alice Munro”, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2013.

La web ladbrokers.com, que inauguró su libro de apuestas para el Nobel de 2014 solo momentos después de que Alice Munro fuera galardonada en octubre del año pasado, es la líder del sector, aunque no el único portal que nos permite jugarnos el salario por alguno de estos candidatos al parnaso. Y es que, en contra de lo que cabría esperar si somos novatos en el mundo del arte, este tipo de apuestas no solo dejan considerables beneficios a las casas online, sino que cada año son más populares tanto entre los amantes de la literatura como entre los aficionados al azar. ¿Qué hace especial entonces a ladbrokers.com frente a otros portales dedicados al juego? Muy sencillo: desde que la empresa ––con sede fiscal en Gibraltar, por cierto–– comenzase a aceptar apuestas por el Nobel en el año 2005, ha acertado en un cuarenta por ciento de las ocasiones; un porcentaje bastante elevado teniendo en cuenta lo complejo que resulta predecir los veredictos de la Academia Sueca. Fue precisamente su índice de aciertos (que por entonces no era del cuarenta sino del cincuenta por ciento) lo que provocó el año pasado que el top de apuestas de ladbrokers.com pasara de ser un mero indicador de popularidad a convertirse en el Pulpo Paul del universo literario (con polémicas, diatribas y excentricidades incluidas, cómo no).

ladbrokers

Haruki Murakami, del que hablaremos a continuación, fue el gran protagonista de una de las principales discusiones relacionadas con el Nobel y la web. Por un lado, el japonés, al que idolatra una legión de seguidores, se posicionó de forma poco sorprendente en el primer lugar del ranking de apuestas; por otro, se produjo un rechazo notable por parte de la crítica a que este prestigioso galardón cayera en manos de alguien a quien se considera un escritor de masas, y cuya obra no siempre alcanzaría los mínimos de calidad que impone en este aspecto la Academia sueca. En el mismo sentido, es más que habitual (y en mi opinión incluso necesario) que los gustos de los especialistas difieran de los del gran público. Dicha disensión se hace aún más evidente si tenemos en cuenta que entre los candidatos por los que se apuesta lleva ya varios años apareciendo el nombre de Bob Dylan, cuyas letras, aunque populares a lo largo y ancho del planeta y de indudable calidad, tienen muy poco que hacer ante un jurado más bien conservador, cuyas últimas elecciones en poesía incluyen a escritores de la talla de Tomas Tranströmer (2011), Wislawa Szymborska (1996), Derek Walcott (1991) o el mexicano Octavio Paz (1990).

Otra de las cosas que airearon la polémica en octubre del año pasado fue uno de los argumentos utilizados, tanto por jugadores como por especialistas, a la hora de apostar por Alice Munro frente a otros favoritos como Milan Kundera o Philip Roth: Munro era, simplemente, una mujer y, puesto que estaba comprometida políticamente con causas de prestigio internacional y el premio había sido otorgado a varones en las tres convocatorias anteriores, a los suecos les tocaba compensar balanzas. Por supuesto, y a pesar del éxito que proporcionó a los jugadores que apostaron por la canadiense, este razonamiento levantó ampollas entre los defensores de su obra literaria, así como del feminismo y la igualdad en general, que no estaban dispuestos a aceptar que su condición de mujer hubiera favorecido a la galardonada.

En cualquier caso es evidente que la posición política y social de un escritor influye en las elecciones del jurado sueco, y los jugadores utilizan este hecho a la hora de apostar. Dos ejemplos claros como el agua nos ayudarán a comprender por qué incidimos en esta cuestión: el primero de ellos es la entrega del galardón a Winston Churchill en 1953, a quien, a falta de una obra literaria propiamente dicha, se le condecoró «por su dominio de las descripciones biográficas e históricas, así como por su brillante oratoria en defensa de los valores humanos» ––algo así como el Nobel de la Paz entregado a Barak Obama en 2009 por «sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos», pero con algo más de utilería y camuflaje–– ; el segundo ejemplo es el de la ausencia de Jorge Luis Borges en la lista de premiados, a causa entre otras razones personales y políticas de su desafortunado flirteo con la dictadura de Augusto Pinochet, durante los años setenta. Y es que está claro que el argentino no tomó la mejor de sus decisiones al aceptar las dádivas y laudos de uno de los regímenes más violentos del siglo pasado en América Latina, pero tratándose de un premio que reconce en exclusiva los méritos literarios de un autor, el jurado, supuestamente imparcial en cuestiones políticas, hubiera debido pasar por alto un hecho como este.

Winston Churchill

Winston Churchill

Es envuelto en estas discusiones como, desde hace ya unos años, se viene acercando el mes de octubre. Bien, pues una vez esbozado este breve retrato del Premio y sus polémicas, y centrándonos en la actualidad, cabe plantearnos la pregunta más sencilla y evidente: ¿quiénes encabezan este año las apuestas para el Nobel? Estad atentos, porque existe una alta probabilidad de que el nombre del próximo ganador esté entre los que os presentamos a continuación: la novelista marroquí Assia Djebar (#3), el dramaturgo y narrador keniata Ngũgĩ Wa Thiong’o (#2) y el ya citado japonés Haruki Murakami (#1), tres autores radicalmente distintos y acogidos, como ya se ha adelantado, de manera muy diferente por la crítica especializada.

Empecemos, pues, por la tercera en el podio de apuestas. Assia Djebar (#3) es el seudónimo literario de Fatima-Zohra Imalayen, novelista argelina nacida en Cherchell en 1936. Ahora mismo las apuestas a su favor se pagan a 10/1, lo cual la sitúa por primera vez lejos de Ngũgĩ Wa Thiong’o, cuya rápida ascensión de estos últimos días ha terminado por arrebatarle la segunda posición en el ranking de LadBrokers. Aunque es conocida sobre todo por sus novelas, esta prolífica escritora, además de producir dos largometrajes, ha escrito historias cortas, poesía y piezas de teatro. Hija de un profesor de francés en tiempos en que Argelia era aún una colonia francesa, acudió al colegio en que su padre impartía clases y, destacando entre sus compañeros, tuvo la oportunidad de gozar de una educación difícil de conseguir para las mujeres argelinas de los años cuarenta y cincuenta. Fue, de hecho, la primera mujer de su país en ser aceptada en la École Normale Supérieure, donde, en 1956, secundó la huelga de estudiantes que precedería la cruenta y larga lucha por la independencia de Argelia (1956-1962). Fue precisamente durante este conflicto cuando escribió La sed (La soif, 1957), su primera novela, que daría comienzo a una extensa colección de títulos en francés. Con respecto a este asunto es interesante resaltar que, a pesar de que la autora hizo importantes esfuerzos por dominar el árabe clásico, sobre todo durante los años 70, nunca llegó a adoptarlo como lengua de creación. Por el contrario, y según ella misma reconoce, se esmeró en impregnar su francés del ritmo y de las formas del árabe, intentando conseguir así una voz con suficiente personalidad como para llevar a cabo su obra autobiográfica.

Assia Djebar

Assia Djebar

Djebar es una autora habitualmente asociada al feminismo. Son varios los libros de su pluma que exploran la situación de la mujer en el mundo moderno, aunque la mayoría de ellos se centran sobre todo en las mujeres de la Argelia postcolonial. Este es el caso de obras como La soif, Les impatients (Los impacientes, 1958) o Les enfants du noveau monde (Los hijos del nuevo mundo, 1962), en el que la autora se centra en las exigencias que una nueva generación de mujeres argelinas plantea ante una sociedad de sólida tradición patriarcal. Años más tarde, tras una larga ausencia literaria que comienza al ser publicada Les alouettes naïves (1967), Djebar regresó a la escena literaria sin abandonar el tema con Les Femmes d’Alger dans leur appartement (Las mujeres de Argel en su apartamento, 1980), una colección de historias breves de título inspirado en la famosa obra de Eugène Delacroix. A pesar de este compromiso político con la situación de la mujer, la autora se ha mostrado a menudo pesimista con respecto al acontecimiento de un verdadero cambio a gran escala. Así puede leerse en uno de sus textos (semi)autobiográficos más celebrados: Vaste est la prision, de 1995.

Miembro de la Academia Francesa, Assia Djebar cuenta con un amplio abanico de premios, distinciones y galardones, y no es este el primer año en que es propuesta para recibir el Premio Nobel, aunque existe quien opina que se trata de una proposición con más fundamentos políticos que literarios.

Por su parte, el dramaturgo y narrador Ngũgĩ Wa Thiong’o (#2) nació en Kenia un 5 de enero de 1938. Por aquel entonces el país era también una colonia, aunque británica en este caso, y así lo siguió siendo hasta el fin de la llamada Guerra o Rebelión Mau Mau (1952-1959), levantamiento que condujo hasta la definitiva independencia del país en 1963, y que terminaría siendo el motivo más relevante de la obra literaria de este autor. El hecho de provenir de una familia extensa y campesina no impidió al joven Ngũgĩ formarse en centros de enseñanza de calidad, tanto dentro de la propia Kenia como en Inglaterra y, más tarde, en Estados Unidos. No es de extrañar, por ello, que gran parte de su obra, dentro de la cual destaca Weep Not, Child (Heinemann, 1964), primera novela publicada en inglés por un autor de África Oriental, haya sido redactada en dicha lengua. En la actualidad, Ngũgĩ es uno de los intelectuales africanos más respetados del panorama internacional, ostenta un generoso puñado de doctorados honoríficos y es profesor titular de la Universidad de California, en Irvine (U.S.A.). Su producción literaria, ya fuera dramática, narrativa o ensayística, y si bien ha mantenido siempre un fuerte tono histórico y social, dio un vuelco durante los años ochenta, década en la cual Ngũgĩ, a diferencia de Djebar, abandonó el inglés como lengua de creación para sustituirlo por su Kikuyu natal, idioma en el que escribe hasta la fecha. Este autor ha destacado, además, por su intenso compromiso político y por su dura crítica al régimen político que Daniel Toroitich arap Moi mantuvo en Kenia desde 1978 a 2002, y cuyos abusos de poder, corrupción y violaciones de los derechos humanos han sido en numerosas ocasiones denunciados por organizaciones internacionales. Dicho compromiso político queda patente en obras como Petals of Blood (1977), que solo cinco meses después de su publicación le costó el ingreso en una prisión de máxima seguridad. Allí, y ya en Kikukyu, escribió sobre papel higiénico la novela Caitani mutharabaini, traducida al español como El diablo en la cruz y cuya distribución, junto a la de la producción completa del autor, fue prohibida en toda Kenia. En total, su obra ha costado a Ngũgĩ más de treinta años de exilio, un año de prisión y, al menos, tres intentos de asesinato por parte del régimen dictatorial de Moi (el último de ellos, que casi se cobra las vidas del escritor y su mujer, tuvo lugar en el año 2004, cuando la pareja regresó por primera vez a Kenia desde que Ngũgĩ se marchara del país).

Ngũgĩ Wa Thiong'o

Ngũgĩ Wa Thiong’o

Aunque ya había aparecido en años anteriores, este año el africano ha escalado varios puestos en la lista de apuestas de ladbrokers.com, situándose en una segunda plaza hasta la semana pasada muy disputada con Djebar, pero en la que parece haberse asentado definitivamente. Esto se ha debido tanto al aumento de su popularidad como al hecho de que Philip Roth (por quien ahora mismo las apuestas se pagan a 16/1) anunciase su retiro literario a principios de año. En el momento en el que se redactan estas líneas, las apuestas a su favor están a 6/1, solo un punto por encima de las del favorito, lo cual convierte al escritor keniata en la figura de mayor relevancia del panorama actual.

Haruki Mrakami (#1), sin embargo, es un viejo conocido entre los favoritos de esta web de apuestas. De su vida privada trasciende bien poco y, de hecho, se trata de un autor políticamente esquivo y poco dado a inmiscuirse en la vida cultural de su país. Sabemos, sin embargo, que nació en Kyoto en 1949, en la cresta de la ola de nacimientos que tuvo lugar en Japón tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Siendo sus padres maestros de literatura, el joven Murakami vivió rodeado por la influencia occidental, sobre todo en lo tocante a la música y a la misma literatura. Este hecho, fundamental para el desarrollo de su literatura, ha llevado a no pocos críticos nipones a poner en tela de juicio la obra del autor, la cual, en su opinión, no brota de una fuente propiamente japonesa, sino de la europea y norteamericana. Puestos a comparar a Murakami con Djebar y Ngũgĩ cabe destacar que, frente a los africanos, el escritor japonés no sintió ningún deseo creativo hasta que a los 29 años, siendo dueño y regente de un jazz-club tokiota llamado Peter Cat, se puso a escribir su primera novela, Kaze no uta o kike (Oye cantar al viento, 1979), que logró una buena acogida y le animó a seguir trabajando en una secuela de la obra, 1973-nen no pinbōru (Pinball, 1973, 1980). Sin embargo, fue su siguiente trabajo, titulado Hitsuji o meguru bōken (La caza del carnero salvaje, 1982), el que deslumbró a la crítica japonesa por primera vez, que presenció con asombro cómo un autor desconocido se posicionaba en apenas 8 años como uno de los más conocidos de todo el país, sobre todo a raíz del tremendo éxito de ventas que supuso en el 87 Noruwei no mori [Tokio Blues (Norwegian wood)].

Haruki Murakami

Haruki Murakami

Desde este momento de éxito total, Murakami comenzó a asumir el papel de un escritor en toda regla para dedicarse a escribir a tiempo completo, produciendo entre 1988 y 2004 la mayoría de las obras que lo harían famoso a nivel internacional, y muchas de las cuales se han convertido en auténticos best-sellers. Este es el caso de títulos como Dansu, dansu, dansu (Baila, baila, baila, 1988), Nejimaki-dori kuronikuru (Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, 1995), Supūtoniku no koibito (Sputnik, mi amor, 1999) o Umibe no Kafuka (Kafka en la orilla, 2002), que se han convertido en libros de cabecera para muchos lectores.

Tal vez, lo más interesante que plantee este autor sea precisamente el motivo por el cual se lo critica en su país: haber insertado a la perfección, si bien de forma un tanto superficial, los símbolos y figuras de la literatura japonesa tradicional en el marco del surrealismo europeo, generando así una obra que entusiasma tanto a lectores japoneses como occidentales. Y es que, como ya hemos adelantado, el estilo de Murakami está muy influido por algunos narradores occidentales, hasta el punto en que Franz Kafka y Kurt Vonnegut resultan imprescindibles para entender el desarrollo de una obra en que el absurdo y la incoherencia se utilizan para construir complejas metáforas de la soledad, el ostracismo y la locura.

Que este año Murakami parta por segunda vez consecutiva como favorito no quiere decir, ni mucho menos, que vaya a ganar el premio. Mucho se habla de los eternos candidatos al Nobel, entre los que se encuentran algunos de tan alta talla como el irlandés John Banville, el sirio Adonis o el israelí Amos Oz, pero lo cierto es que es bastante habitual que un candidato por el que muchos apostaron durante años nunca llegue a recibir el galardón. Además, es indudable que la escalada de popularidad que protagoniza este año Ngũgĩ Wa Thiong’o, sobre todo teniendo en cuenta el acelerón de estas dos últimas semanas, no presagia nada bueno para el japonés. En cualquier caso, y sea como fuere el desenlace, nosotros esperemos que gane el mejor, aunque no haya figurado entre los favoritos de LadBrokers.

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