Brubaker, Phillips y Criminal

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El mundo del cómic alejado de los géneros clásicos  está inmerso en un auge nunca antes conocido. El nivel actual nos permite hablar sin ninguna vacilación al respecto de una edad de oro del cómic alternativo. Ya conocimos en otro artículo la excelente labor de Jeff Lemire y hablamos, muy por encima, de las grandes figuras que esta etiqueta del noveno arte ha generado y esconde, como Brian Wood, Scott Snyder, Brian K. Vaughan, Rick Remender, etc. Por supuesto no son los únicos. Las editoriales Image, Dark Horse y el sub sello de DC, Vértigo guardan verdaderas joyas dentro de sus páginas que deberían ser por todos conocidas. Los géneros tratados por todos estos escritores —muchos de ellos además de escribir el guion dan forma a sus letras— son heterogéneos, pero resalta por encima de todos la ciencia ficción y el costumbrismo, aunque otros géneros, menos representados, almacenan un gran potencial como el noir.

Es necesario —es más, es justo y necesario— al hablar de cómic noir mencionar a una figura que destaca sobre todas las demás, una figura que ha elevado las historias policiacas encerradas en las páginas de un cómic al nivel de la mejor literatura del género, encabezada por autores de la talla de Chandler o Hammet y que ha conseguido, además, introducir elementos innovadores dentro de un género tan cerrado como el policiaco. Sin embargo este autor, Ed Brubaker, no ha realizado esta gran gesta solo, sino que lo ha acompañado su inseparable amigo Sean Phillips, encargado de los lápices en sus páginas.

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Este artículo versará, principalmente, sobre una de sus obras, Criminal, influencia clave en el género negro en todas sus representaciones, cinematográfica, literaria, etc. Sin embargo antes de adentrarnos en ella realizaremos un pequeño paseo por los orígenes del autor y su colaboración con el artista Sean Phillips, ya que para entender una obra siempre es necesario retroceder unos pasos para alcanzar una imagen más amplia del escenario. Sus primeros trabajos datan del año 1991, trabajos de escasa relevancia, pero siempre cercanos a los temas criminales como el desarrollado para Dark Horse, Dark Horse Present, una antología dedicada a este tipo de historias ambientadas en los bajos fondos de la sociedad. Durante la década de los noventa quizás su trabajo más conocido sea Lowlife, una obra independiente y semi autobiográfica que narra las peripecias vitales de un dibujante y escritor de cómics sin mucho futuro por delante y poco dinero en los bolsillos.

Este trabajo junto a otros anteriores consiguieron que Brubaker entrara a trabajar en DC Comics bajo el sello Vertigo, donde desarrollaría obras de especial relevancia como Smells Like Teen President (1995), una sátira política sobre las altas cúpulas norteamericanas. Al poco tiempo, en 1999, conoció por primera vez a Sean Phillips comenzando así una de las relaciones más fructíferas dentro del mundo del noveno arte. Su primer trabajo conjunto fue Scene of the Crime, de nuevo la temática criminal se imponía en la obra de Brubaker. Esta obra seguía los pasos de un joven criminal en San Francisco, tuvo un relativo éxito, especialmente dentro de la industria, llamó la atención no solo del cómic, sino también del cine. Además este éxito le permitió a Brubaker firmar un contrato de exclusiva con DC Comics, algo que más tarde sería de gran ayuda para formar historias más personales, pero también le sirvió para comenzar a trabajar en temas superheroicos, la verdadera catapulta a la fama del mundo del cómic en EE. UU. Su primer trabajo ligado al género de los calzoncillos por fuera fue Batman, personaje en el que trabajó hasta 2003. Sin embargo desdobló su carrera más comercial en DC con el sello alternativo de esta, Vértigo, donde publicó otras historias más personales como Deadenders (2000) o Sandman Presents: Dead Boy Detectives (2001), todas ellas ligadas al género policiaco, pero con las que introduce elementos fantásticos y de ciencia ficción.

El género policiaco siguió siendo el favorito de Brubaker, y aunque trabajara en otros personajes y mundos ya inventados continuó introduciendo elementos noir como ocurrió con sus trabajos en Catwoman o la recomendada serie Gotham Central (2003), donde centra su mirada en la estación de policía de la ciudad de Batman siguiendo el día a día de los agentes de la ciudad gótica y sus esfuerzos por acabar con los extravagantes criminales que pueblan sus callejones. Todos estos esfuerzos siguieron encaminándole hacia el género policiaco puro. Sin embargo, antes de llegar a su obra magna siguió experimentado con el género, mezclándolo de nuevo, ahora con el género superheroico. Ejemplos de ellos son Point Black (2002) y Sleeper (2003) siendo esta segunda una continuación no oficial de la primera. De nuevo volvió a contar con Sean Phillips en los pinceles y de nuevo sirvieron al aficionado al cómic uno de los mejores ejemplos de género negro de la industria, aunque adulterado con superpoderes, pero que sin duda sembró la semilla para lo que estaba por venir.

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En el año 2004 terminó el contrato en exclusiva con DC. Brubaker ya había demostrado su potencial de cara al gran público con sus obras centradas en Batman y Catwoman y también había mostrado al mundo el verdadero potencial que residía en sus historias cuando le cedían un terreno amplio de independencia y movimiento. Este valor no tardó en ser adquirido por la principal competidora de DC Cómics, Marvel. Sus primeros trabajos para la compañía de Stan Lee estuvieron enmarcados en el personaje del Capitán América. Su trabajo para este personaje fue de tal relevancia que las nuevas cintas dedicadas al personaje se centran y toman los elementos del cómic de Brubaker. Sus trabajos para el género de superhéroes siguieron con buen ritmo y se vio inmiscuido en personajes como los X-Men, los Vengadores, etc. Sin embargo su interés por el género policiaco no recayó y en 2007 bajo el sello independiente lanzó, junto a Sean Phillips, la serie Criminal.

Por fin se vio libre de ataduras de otros géneros y planteó una historia policiaca pura. En estas páginas no había cabida para superhéroes. Sólo tenían cabida delincuentes de poca monta, asesinatos, mujeres fatales, policías corruptos, detectives, boxeadores, callejones y mucho humo. Hasta la fecha Criminal ha tenido seis arcos argumentales de unos cinco números aproximadamente. Dos de ellos, el primero y el último, han conseguido alzarse con un premio Eisner —el Óscar del noveno arte— como mejor serie nueva y mejor serie limitada. Criminal recoge toda la influencia del género y todos los personajes y elementos, pero les añade una nueva visión contemporánea. Sin duda alguna Brubaker con esta obra se erige como el renovador del género.

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Estos personajes “conocen y exploran los bajos fondos de la sociedad que habitan y entran en contacto con delincuentes, criminales y todo tipo de seres marginales. En ambos casos, la actitud del protagonista y la intención del autor son hacer una profunda crítica social, irónica o caricaturesca, de la que no se libra ningún personaje o estamento social, incluido el propio protagonista”*. Sin embargo, en el cómic de Brubaker los propios protagonistas son parte de este elemento, criminales, no introduce ningún elemento ajeno al ambiente, sino que utiliza ese mismo ambiente para describir sus historias. Técnica muy alejada de obras canónicas del género como las protagonizadas por el detective Phillip Marlowe en las novelas de Chandler o por el más reciente Mikael Blomkvist en las novelas de Stieg Larsson, ambos personajes, en un principio, ajenos al mundo del crimen en el que se ven envueltos, al contrario de lo que sucede en las obras de Brubaker. Aspecto que le brinda al cómic un aspecto más realista y costumbrista narrando historias de ladrones y criminales en exclusiva, donde se niega el axioma del género: “al idealizado y noble héroe de una pieza se opone así el individuo desclasado y marginado, un antihéroe común, siempre ambiguo y contradictorio” *, ya que en las páginas de Phillips y Brubaker no existe un héroe. Esta no diferenciación entre los personajes que aparecen en las páginas de Criminal nos brinda la oportunidad de observar el mundo del crimen organizado desde otra perspectiva, desde su propia perspectiva, como ya ocurría en la mítica cinta de El Padrino, donde el papel de la policía era reducido a la mínima expresión.

La división rotunda típica del melodrama que encontrábamos allí [en las novelas policiacas] entre los principios antitéticos del bien y el mal, representados por las figuras químicamente puras del detective (defensor de la sociedad) y del criminal (su agresor) resulta ahora puesta en cuestionamiento.” **

 En Criminal esta diferenciación, como mencionamos, no existe y por tanto introduce un elemento completamente innovador en el género: la creación de historias puramente criminales sin tener en cuenta a las fuerzas del orden salvo para aliarse con el criminal en lugar de detenerlo. Este aspecto brinda un soplo de aire freso a las historias más tradicionales del género como la conocida Trilogía Millenium, donde la lucha entre el bien y el mal queda siempre más que palpable aun habiendo otros personajes que quizás se encuentren entre ambos mundos como Lisbeth Salander. Este elemento, la femme fatale, también adquiere un nuevo significado dentro del cómic de Brubaker. Ahora tal personaje no existe únicamente como motivación del protagonista, sino que en ocasiones se erige como la propia protagonista, cuando no secundaria de lujo, y personaje activo en las acciones criminales de la historia, aunque este papel, el de la femme fatale, está siendo debidamente explorado en otra serie del dúo Brubaker-Phillips, Fatale (2012), lanzada bajo el sello Image y situada entre los géneros noir y terror influido por Lovecraft. De hecho, el éxito de esta última serie ha permitido que la editorial Image firme un contrato con Phillips y Brubaker tremendamente original donde por cinco años les permiten crear cualquier tipo de obra con la garantía de ser publicada bajo el sello independiente, muestra de la calidad del dúo. El primer fruto de este trabajo ha sido The Fade Out (2014) un cómic de género noir ambientado en el Hollywood de finales de la Segunda Guerra Mundial.

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Criminal, sin duda alguna, es uno de los mejores exponentes del género noir del siglo XXI, si no el mejor. Aunque Brubaker ha seguido trabajando el género noir agitado con otros elementos como en la serie Incognito (2007), también junto a Phillips, o Velvet (2013), esta vez junto a otros artistas y con una historia centrada en el género de espías, su principal baza ha sido la capacidad que atesora para recoger la herencia de los grandes padres del género como Hammet y Chandler y llevarlos a la actualidad mediante la creación de historias actuales donde conviven modernas preocupaciones con viejas cuestiones que moldean una obra ya de por sí perfecta. El dibujo del que hace gala Phillips es la plasmación perfecta de las historias de Brubaker, un aire clásico, sin márgenes para la innovación en el encuadre de las viñetas ni rimbombantes composiciones en las páginas. Tan solo sobriedad y clasicismo, dos elementos que impregnan toda la obra, pero como decimos, adaptado a los nuevos tiempos. Una verdadera obra de arte de nuestro tiempo que debería ser leída por todo aquel interesado en el género noir y que supera con creces cualquier otra producción en el género, sea esta literaria o cinematográfica.

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*(COLMEIRO, José F, 1994:72)

**(COLMEIRO, José F, 1994:62)

 Texto de Alberto Venegas

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2 Respuestas a “Brubaker, Phillips y Criminal

  1. Muchas gracias por tu comentario Juan Carlos. Por supuesto, existen obras y obras, muchas de las que visitaré en Harlan serán de este estilo, alejadas de los géneros populares del tebeo como los superhéroes más genéricos y más cercanos a los grandes géneros de la literatura universal. Si eres aficionado al género negro te recomiendo encarecidamente que le eches un vistazo a Criminal, creo que va a gustarte.

  2. Muy interesante tu comentario sobre “Criminal” de Brubaker. Me ha gustado especialmente la comparación que estableces entre Brubaker y los grandes y clásicos creadores del género negro, Hammet y Chandler sobre todo.
    Yo no suelo leer mucho cómic pero análisis como éste me animan a practicar estas lecturas mucho más.
    Saludos

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