Gareth Evans y la renovación del cine de acción – The Raid 2: Berandal

El cine de acción ha sufrido grandes cambios en los últimos 30 años. Desde las míticas cintas de acción de los años, 80 protagonizadas por musculosos personajes expertos en artes marciales, el género ha virado hacia algo menos pesado. Para todo amante del género de acción es imposible no recordar con una sonrisa en la cara cintas como Contacto Sangriento (Bloodsport, 1988), con Jean-Claude Van Damme en uno de sus primeros papeles protagonistas, Desaparecido en combate (Missing in Action, 1984), con Chuck Norris interpretando por primera vez al Coronel James Braddock o al venido a menos Steven Seagal interpretando a Casey Ryback en Alerta Máxima (Under Siege, 1992).

El género, durante los 80, se convirtió en una verdadera pasarela de cuerpos llenos de testosterona y con músculos que muchos de nosotros no sabemos que tenemos. Sin embargo, el cine de acción a lo largo de los años 90 ha ido virando hacia algo más ligero; los héroes de acción del nuevo milenio (exceptuando actores como Jason Statham) no cuentan con el portentoso físico de sus antecesores, su conocimiento de las artes marciales o el combate. Héroes como Tom Cruise protagonizan cintas como Misión Imposible (Missión: Impossible, 1996) o Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, 2014) sin necesidad de una capacitación física detallada. Los efectos especiales y nuevas técnicas de rodaje y de creación de imágenes de síntesis a través del ordenador facilitan que cualquier actor carismático pueda realizar una película de acción. Esto ha sido objeto de crítica en películas como la desternillante e irreverente Team America: La policía del mundo (Team America: World Police, 2004) dónde un grupo de actores muy conocidos pueden hacer frente a los protagonistas porque, tal y como ellos dicen: “Hemos protagonizado películas de acción”.

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Este cambio en la forma y contenido de las nuevas películas dentro del género se ve especialmente patente en la excepción que confirma la regla. Sylvester Stallone, otro de los héroes de acción de los 80 con su saga Rambo (1982, 1985, 1988 y 2008), ha reunido a todas las denominadas “viajas glorias del cine” para protagonizar la exitosa saga: Los Mercenarios (The Expendables). La primera película vio la luz en el año 2010, su secuela en el 2012 y en el presente año veremos la tercera entrega que parece ser un éxito asegurado teniendo en cuenta que Stallone ya prepara la cuarta película. En estas películas, que no son más que un entretenido despliegue de sudor, músculos, casquillos, testosterona y muchos chascarrillos sobre los clichés del género, Stallone se ha propuesto reunir a todo aquel que en los 80 y 90 fuera un icono del cine de acción (y a Antonio Banderas). El hueco dejado por el cine clásico se hace patente cuando observamos que una película con esta premisa funciona en cartelera y cumple su cometido: entretener al público nostálgico de las antiguas grandes obras de acción.

Todo lo anterior corresponde al cine de acción si tomamos la definición más extensa del género. No todo el cine que puede considerarse de acción ha sufrido dicho cambio o al menos no lo ha sufrido de forma tan radical. Hay un subgénero, o incluso un género por derecho propio, dentro del cine de acción que por su definición no puede sufrir un cambio tan brusco en su ontología: el llamado cine de artes marciales.

Si bien hemos mencionado al inicio que muchos de estos héroes de acción de los 80 estaban ligados a un arte marcial (Chuck Norris fue campeón mundial de karate y Steven Seagal cinturón negro, séptimo dan, de aikido, llegando a ser el primer occidental en dirigir una escuela de dicha especialidad en Japón), las cintas protagonizadas por estos actores y artistas marciales no tienen el arte marcial como principal eje de la acción, y en ocasiones sus películas se acercan más al cine de acción más plano y típico que en otros casos. En la misma década convivió el de artes marciales  que está ligado al cine asiático (especialmente Chino durante los 80 y a sus artistas marciales) al menos en su faceta más universal.  Así, actores como Bruce Lee, estudiante de Wun Chun y creador del Jeet Kune Do, protagonista de Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973) o Jackie Chan, experto en Kung Fu y protagonista de cintas como El mono borracho en el ojo del tigre (Jui kuen, 1978), formaron parte de una generación de actores que hicieron de sus artes marciales el eje central de su cine. Un cine caracterizado por extensos y tensos combates cuerpo a cuerpo donde el protagonista de la película se enfrenta a sus oponentes usando su propio estilo o técnica.

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Este cine en ocasiones está considerado como un cine de acción más realista. Es por todos conocido que actores como Jackie Chan protagonizan todas sus escenas de acción y que, en ocasiones, se han tenido que paralizar los rodajes durante semanas por todo tipo de lesiones. Por otro lado, los combates marciales, por su esencia de contacto físico y directo entre los dos contendientes, requieren que ambos conozcan el arte y, ya que una de las principales atracciones de este cine son los combates, ambos deben ser expertos  en la materia. Estas dos características no son compartidas con el cine de acción propiamente dicho, por ejemplo, Dolph Lundgren, a pesar de ser cinturón negro en karate y judo, no hace de sus artes marciales el centro de películas como Soldado Universal (Universal Soldier, 1992) y las escenas de esta no requieren de un compromiso físico tan directo como las protagonizadas por Jet Li, entre las que podría destacarse, por ejemplo, El beso del dragon (Kiss of the Dragon, 2001).

Esto marca la diferencia esencial entre ambos cines o subgéneros de acción, y en el presente artículo profundizaremos en el cine de artes marciales realizado en Indonesia por el director galés Gareth Evans y su díptico (por ahora) de acción The Raid: Redemption (2011) y The Raid 2: Berandal (2014). El director se ha presentado como uno de los mayores renovadores del cine de género de las últimas décadas alcanzando gran prestigio internacional y presencia en festivales de todo el mundo. Repasaremos alguna de las claves que ha llevado a Evans a ser el gurú de un nuevo auge del cine de artes marciales.

La obra y vida del joven director galés está unida a Indonesia de forma irremediable desde el año 2008 cuando viajó a Indonesia como freelance para grabar un documental sobre el Pentjak Silat (conjunto de artes marciales tradicionales de Indonesia). Durante el rodaje del documental, Evans descubrió al que será su musa dentro del cine de acción, el joven Iko Uwais un practicante profesional de silat Betawi (variante Betawi del arte marcial Indonesio) que había llegado a lograr la primera plaza en el Campeonato Nacional de Pentjak Silat. El jóven Uwais trabajaba como repartidor para una compañía telefónica cuando colaboró por primera vez con Evans. Desde entonces la carrera cinematográfica del joven artista marcial y la del director galés no se han separado, sumando a día de hoy tres títulos en colaboración, además del documental: Merantau (2009), The Raid: Redemption (2012) y The Raid 2: Berandal (2014) y una cuarta película bajo las órdenes de Keanu Reeves en Man of Tai Chi (2013). El propio Uwais, a la manera de Chan, realiza todas sus escenas en la película, incluyendo todas las de la persecución de coches. Para rodar la persecución del final de la película Evans trajo al especialista Bruce Law y a todo su equipo (Transformer 4, Mission Impossible 3, Cyber…) desde Hong Kong para trabajar con él. Incluso contando con un equipo de especialistas profesionales, Iko Uwais realizó él mismo las escenas de peligro en la carretera, demostrando un grado de implicación poco visto hasta ahora en el cine de acción occidental.

La imponente presencia física del joven indonesio y su extenso conocimiento sobre el arte marcial de su país hicieron que Evans lo tomará como protagonista para sus películas de acción, que se rodarían íntegramente en Indonesia. Y este otro punto a tener en cuenta a la hora de analizar el cine de acción de Evans pues, aunque desconozco el estado de la industria audiovisual indonesia, es de suponer que la sindicación y riesgos laborales serán bastante menores que las que podemos encontrar en otros países como EEUU o la propia España. Si la situación en Indonesia se parece a la de Tailandia, podemos hacernos una idea del hecho al que nos referimos viendo la magnífica película de artes marciales Chocolate (Chocolate, Prachya Pinkaew, 2008) y sus extras y tomas falsas. Los entregados extras tailandeses, así como la propia protagonista, la artista marcial JeeJa Yanin, se dejan la piel (literalmente) a la hora de rodar la película, y podremos ver cómo acaban en el hospital, se rompen huesos, se hacen cortes o se rompen la nariz como le sucedió a la joven JeeJa. El compromiso de los actores con el cine de Evans y con las exigencias propias del género de acción se hacen patentes en la producción de The Raid 2. El propio Evans, quien es uno de los coreógrafos del film, pasó 18 meses preparando las escenas de acción de la película. Durante el rodaje de Merantau, de hecho, ya estaban maquinando algunas escenas para la película. La implicación del director galés con la acción de su cine es clave a la hora de entender el resultado final, Evans ama el género de acción y ama el Silat y entiende a la perfección sus entresijos, lo cual le permite idear conjuntamente las coreografías y los movimientos de cámara necesarios para dotar del realismo necesario las escenas. Para hacernos una idea de la implicación del director y del equipo técnico nos basta conocer el siguiente dato: Evans y su equipo pasaron seis semanas preparando la escena final en las cocinas.

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Anteriormente hablábamos de las posibilidades del nuevo cine digital y las imágenes de síntesis a la hora del trabajo necesario de un actor para preparar una cinta de acción. En The Raid 2 todos aquellos extras y personajes que participan en alguna de las 19 peleas repartidas por toda la película tienen algún bagaje marcial. No solo Iko Uwais, sino gran parte del equipo de especialistas son medallistas olímpicos, ganadores de campeonatos nacionales o continentales de diferentes artes marciales. La propia idiosincrasia del arte marcial se liga al cine y a la acción. Es especialmente reseñable en este caso el trabajo de Julia Estelle, quien interpreta a la mortífera asesina que combate con dos martillos. La joven, a pesar de tener dos importantes escenas de acción en la película, no era practicante de artes marciales y tuvo que pasar seis meses entrenando intensivamente Silat antes de poder rodar sus escenas. La acción y las coreografías en la película de Evans forma parte del trabajo y la vida de los actores del film; Yayan Ruhian, que interpreta a Pakroso e interpretó a Mad Dog en The Raid, es entrenador de Pentjak Silat e inventor de una técnica de respiración que facilita absorber los golpes, así como coreógrafo, junto a Evans, de la acción de la película.

La película, según el propio equipo humano del director, busca despistar al espectador. Evans era muy consciente de que la cinta ya contaba con un público fijo, gente que había disfrutado la primera y esperaba con ganas la segunda. La intención del director era hacer que el público viera la película esperando encontrar algo similar a la primera entrega y entonces mostrarles algo completamente diferente. Y es que The Raid 2, con sus 150 minutos (50 más que su primera entrega), a pesar de continuar temporalmente la historia donde se dejó con la primera aventura de Rama nos lleva a un mundo completamente diferente. Evans urde una historia de tensiones entre bandas rivales, tan típica del cine asiático de acción, mezclandola con un discurso anti-corrupción. Rama, dos horas después de los hechos narrados en la primera película, es requerido  por un secreto departamento de asuntos internos de la policía a colaborar con ellos y destapar una intrincada trama de corrupción policial. Así, el personaje de Iko Uwais acabará trabajando para Bangun (Tio Pakusodewo), quien controla la mafia indonesia de la ciudad y mantiene una delicada paz con Goto (Kenichi Endô), ambas familias tratan de lidiar con las ansias de poder de Bejo (Alex Abbad) quien busca hacerse un hueco en los bajos fondos de la ciudad. Con esta trama Evans lleva su cine de acción a un nivel superior al alcanzado en The Raid. La cinta cuenta con mucha más carga narrativa y dramática, que se ve reforzada con el trabajo de actores profesionales como Kenichi Endô (Una cara conocida dentro del cine de Miike), Kazuki Kitamura o Tio Pakusodewo (veterano actor indonesio). Si la primera película de la saga nos mostraba el virtuosismo de Evans a la hora de rodar acción, en su segunda entrega el director mantiene ese virtuosimo dotando a la película de una trama que justifica toda la acción y que logra meter al espectador en la película.

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La intención de Evans de sorprender al espectador con su película le lleva a realizar una cinta titánica comparada con su anterior producción. Con decenas de localizaciones, algunas en los puntos neurálgicos de transporte y consumo de la capital de Indonesia, o decenas de extras combatiendo a la vez, como podemos ver en la espectacular pelea de la prisión, Evans clava al espectador en su asiento. Una película de estas características no se puede llevar a buen puerto si uno no ama el género en el que trabaja y si uno no tiene verdadero ojo para rodar la acción. Evans demuestra tener un talento pocas veces visto para plasmar la acción en la gran pantalla. Pocas veces se ha visto en cine una acción rodada con el gusto y técnica que Evans demuestra en Tha Raid 2, concibiendo la escena y la coreografía y adaptando después el entorno a ella. Muestra de todo esto es la escena de la persecución por las calles de Yakarta; para esta escena Evans hizo construir estructuras anexas a los coches con espacio justo para un operador de cámara. A la hora de rodar la acción la cámara iría pasando mano en mano entre los operadores sin dejar de rodar, en plano secuencia, pasando así del plano de los dos coches al interior de uno de ellos y de nuevo (por el otro lado) a un plano de un tercer coche en la persecución. Evans se presenta como un director llamado a renovar el género de acción, algo que con sus dos entregas de The Raid ya ha conseguido. Posiblemente sea en la actualidad el director que mejor rueda cine de acción, demostrando, además, una pasión pocas veces vista.

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Algunos estudios norteamericanos ya se han fijado en la figura del director galés, llegando a proponerle un remake más allá de la película Juez Dredd (Pete Travis, 2012), que bebe directamente de la primera entrega al plantear una premisa similar dentro de un bloque de viviendas. Gareth Evans se negó a dirigir el remake de su película, pero cedió los derechos para la versión norteamericana, que a día de hoy se encuentra en manos de Patrick Hughes, que debutará este año en la dirección de cine de acción con Los Mercenarios 3. Evans, mientras tanto, se encuentra inmerso en la producción de la tercera entrega de The Raid, donde esperamos volver a ver a Iko Uwais en acción.

El círculo parece cerrarse y vemos cómo un director encargado de revivir a las viejas glorias del cine de acción como Hughes se pone al frente de una versión americana de la cinta de Evans. Los pesos pesados del pasado y su cine de acción anquilosado, frente a las artes marciales duras, directas y realistas provenientes de Indonesia. De ambas formas, la antigua visión del cine de género, las emociones ante la acción funcionando como una válvula de escape y de adrenalina para el público parecen querer volver a la luz en un siglo XXI dominado por las imágenes de síntesis. Evans dirige su acción con pasión y técnica mostrando al mundo que aún se puede hacer buen cine de acción, aunque para ello haya tenido que llegar hasta Indonesia, donde vida y artes marciales son lo mismo de igual manera que lo es para muchos el cine y la vida.

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