Pinceladas sobre Guinea

Hace relativamente poco Guinea apareció fugazmente en nuestros medios de comunicación a causa del brote de Ébola que se ha cobrado ya 174 vidas. Escuetos reportajes informaban del problema una semana más tarde de lo que se estaba haciendo en otros países europeos, pues en esos momentos, justo cuando yo acababa de volver de una estancia de 4 meses por allí, la gran noticia en España era la manifestación que se había producido en Madrid (22 M).

La república de Guinea, para quien no la sitúe, forma parte de lo que se denomina “oeste africano”. Hace frontera con Guinea-Bissau, Senegal, Mali, Costa de Marfil, Liberia y Sierra Leona; y aún resta una zona de costa que se baña en el océano Atlántico. Nosotros estamos a algo más de 4.000 km en línea recta, más bien poco, y sin embargo lo que conocemos de este país es prácticamente nulo. Cuando en España alguien oye hablar de Guinea, automáticamente piensa en Guinea-Ecuatorial, antigua colonia nuestra, y no en la República de Guinea, también llamada Guinea-Conakry o antigua Guinea francesa. Esta república fue colonia del país galo hasta 1958 y, desde entonces, intentan consolidar un gobierno que se mantenga y funcione, tarea nada fácil por los sucesivos golpes de estado.

Mapa de la república de Guinea

Mapa de la república de Guinea

Viajar a Guinea no es simple, a parte del precio del billete (que no suele bajar de los 800 euros), es necesario conseguir un visado, para lo que hará falta, entre otras cosas, la vacuna de la fiebre amarilla y una carta de invitación o una reserva de hotel. La embajada consular en Madrid es un trocito de Guinea en esa ciudad, los trámites son lentos y van siempre precedidos por una larga espera que uno no sabe a qué se debe.

Uno de los encantos que aún conserva Guinea es que no está absolutamente nada pensada para los turistas. Es más auténtico, pero puede resultar muy complicado moverse. Siempre es necesario un guía, dado que encontrar un plano de una ciudad o una región es una tarea arduamente complicada.

Los guineanos miran con curiosidad y, en cuanto se sale de la capital, no es nada raro que nos llamen “tutbabú” (persona blanca) para que nos paremos a decirles qué tal estamos o, en el caso de los niños, para tocarnos una mano y salir corriendo. Otra cosa que adoran niños y mayores es que les hagan fotos. Pero atención porque es ilegal fotografiar a alguien sin su permiso. No es extraño, sin embargo, que nos pidan que se las hagamos para luego verse en la pequeña pantalla de la cámara digital.

Niños del pueblo de Sidakoro posando para la foto

Niños del pueblo de Sidakoro posando para la foto

Como decía, Guinea no es turística aún, y ver gente blanca es toda una novedad. Los hoteles son tremendamente caros, del orden de 100 euros la noche. Han de estar pensados únicamente para diplomáticos, a los que tales precios no les supongan la ruina. Para los locales es impensable ir a un hotel de tales características. A grandes rasgos, para que os hagáis una idea de precios, 1 euro son 10.000 francos guineanos. Con 2.000 FG se puede comprar una barra de pan, con 5.000 FG una botella de agua, con 8.000 FG un huevo (los huevos son caros por allí) y con 30.000 FG un cartón de tabaco.

Lo más caro en Guinea es la gasolina, un depósito completo de un jeep son 700.000 FG. No llega al precio europeo, pero casi. Lo que significa que los trayectos en coche son muy, muy caros. Para compensar el coste, y que no salga tan mal de precio, los guineanos se espachurran unos contra otros para que quepan 12 personas en un coche de 7 plazas. ¿Cómo lo hacen? Pues fácil: 2 en el asiento del copiloto, 4 o 5 en el asiendo de en medio, 3 o 4 en el de atrás y 1 en el maletero. Cuando digo números variables es porque hay niños, y éstos, para los guineanos, no cuentan en el recuento total. Es todo un espectáculo ver cómo cargan todos los bultos en la baca del coche, que luego cubren con una red fuertemente agarrada para que no se caiga nada, y cómo se encajan unos con otros para caber en el coche y aguantar todo el trayecto. ¿10, 12 horas? Da igual, no les oirás quejarse.

En el largo camino pararán aproximadamente cada 2 horas para que la sangre vuelva a circular y los músculos de cuerpo dejen de doler momentáneamente. Una de las paradas ha de ser para comer, y el plato obligado es el arroz.

El arroz es alimento básico en Guinea. Y sí, tienen campos y campos de arrozales. Existe el “arroz guineano” y tiene un gusto un poco diferente al nuestro. Se le añade la salsa del día: salsa de hojas, salsa de cacahuetes, salsa de mandioca, salsa de espinas de pescado… y hay puestecillos en la calle que nos dan un plato, para degustarlo allí mismo, por unos 3.000 FG. Además de este cereal tienen otra mucha producción agrícola (que varía según la temporada): patatas dulces, yuca, caña de azúcar, papayas, mangos, naranjas, pomelos, plátanos… y multitud de frutos salvajes.

Guinea es un país eminentemente agrícola, muchísimos poblados viven de lo que producen, pero un muchacho de allí me contaba que hay zonas (Griseau y Mali) donde hay muchísimo aluminio, y la gente se dedica a explotarlo. Hacen agujeros de 1 metro de diámetro y cavan 50 metros hacia abajo sacando la tierra en pequeños cuencos donde criban lo que sea metal. Por lo visto ese trabajo puede dar mucho dinero, y algunos chicos jóvenes, entre ellos el que me lo contaba, ven en ese trabajo una oportunidad para hacerse ricos. Porque sí, los guineanos que he conocido quieren ser ricos. No ricos a lo europeo, con barcos y pamplinas, quieren ser ricos para tener una casa suya, comer bien todos los días y poder comprarse ropa cuando les haga falta. Pero incluso ese tipo de rico es complicado de conseguir allí. Otro muchacho me contaba que antes de dedicarse a cuidar chimpancés, como hacía en ese momento, trabajaba la madera en su poblado natal, Sidakoro. Era bueno y la gente valoraba su trabajo, pero casi no le pagaban. Viviendo rodeado de parientes y amigos pasaba el día trabajando para ellos pero, dado que eran tan cercanos a él, no “podía” cobrarles. Hoy por tí, mañana por mí.

Es habitual que una vez cada dos años, en la temporada seca, todo el mundo ayude a reconstruir las casas de adobe y los tejados de paja que son típicos de allí. La gente hábil puede hacerlo muy rápidamente. La idea es que, cuando se vive en un pueblo-ciudad como los de allí, o todo el mundo se enriquece o nadie lo hace, puesto que todos están conectados por uno u otro pariente y todos dependen del trabajo y las buenas intenciones de los que les rodean.

Trabajando en la reparación del tejado

Trabajando en la reparación del tejado

En contraste con el ambiente de buenas intenciones de los civiles en los pequeños poblados, nos encontramos la hostilidad de los militares en casi cualquier parte del país, pero sobre todo a la salida de Conakry. Éstos “vigilan” las carreteras y se toman la libertad de exigir “peajes” que no deberían ni pedir, y que enfada muchísimo a los guineanos civiles. El rechazo a los militares se debe también a que en las revueltas se han vendido a los altos cargos, y han disparado sin demasiados miramientos contra la población “opuesta al poder”. Un guineano de Guéckédou me contaba que se había hecho un conjuro, en el que creía firmemente, para protegerse de las balas de los militares. Decía que a él no podían hacerle nada las balas ni los cuchillos.

Los problemas político-sociales no han terminado pero el nuevo presidente es bastante querido por muchos guineanos, y confían en él. Hay quien le critica no haber cumplido sus promesas de llevar agua y electricidad a toda Guinea, y hay quien lo defiende diciendo que en África todo es muy lento. Lo que yo he visto es que las carreteras nacionales están llenas de baches y que en la misma Conakry no hay casi agua corriente ni electricidad (dos de cada tres días se corta). Tengo entendido que algunas ciudades, como Labé y Mamou, están mucho más modernizadas debido a la presencia de expatriados franceses y de una de las etnias guineanas, Peuls, que tienen fama de ricos.

El mismo que se había hecho un conjuro para protegerse de los militares me decía que el actual presidente, Alpha-condé, que está en el gobierno desde 2010 y cuyo partido, el RPG (Rassemblement du Peuple de Guinée), fue elegido el pasado noviembre para dirigir la que es, por primera vez consolidada, Asamblea Nacional; no puede ser buen presidente porque es de un grupo étnico pobre. Decía que su único interés iba a ser, debido a sus orígenes, ganar todo el dinero posible para sacar a su familia del país. Uno de sus adversarios era considerado más adecuado por este muchacho por pertenecer a la etnia de los Peuls.

Fuera de la “gran cúpula nacional”, a niveles más locales, la organización político-jurídica (que está junta) es menos europeizada y más interesante. En cada barrio, cada pueblo, cada conjunto de pueblos (unos 7 más o menos) y cada región, hay un jefe. El último de todos, el de cada región, es el que la persona que me lo contaba llama “justicia suprema”, puesto que él, sí o sí, resuelve el problema. Todos los jefes son elegidos por votación por todos los mayores de 10 años que vayan a ser representados: hombres, mujeres y niños. Cualquier hombre (no mujer) puede presentarse a jefe, pero es importante que sea querido entre la gente y que tenga buena reputación (fama de economizador, puesto que será responsable de gestionar las reservas de alimento). El jefe de un poblado, además de ejercer justicia en caso de conflicto entre los aldeanos y gestionar los recursos, da la bienvenida a los nuevos y les ofrece alojamiento hasta que se puedan instalar por su cuenta, ayudándoles mientras tanto a encontrar un trabajo. El jefe cuenta también con un ayudante que es elegido por votación. En cada nueva votación el antiguo jefe ayuda al inicio del nuevo mandato para que éste sepa qué hacer. En caso de que el jefe haya muerto, es el ayudante el que enseña al nuevo.

Como veíamos antes, con el muchacho que confiaba más en un Peul por ser rico, la etnia significa muchísimo para los guineanos. Hay muchísimas etnias diferentes, con diferentes idiomas, religiones y maneras de ver la vida. Las principales son los Sossos, en Guinea-baja (más al oeste), los mencionados Peuls, en Guinea-media y los Malenkés, en Guinea-alta; cada grupo representa un 25% de la población. El 25% restante, en la Guinea-forestal, lo componen otras muchas etnias como los Kissis, los Tomas o los Guerzés, entre otros. Según la región, por tanto, se hablará una lengua diferente. Es bastante fácil que un guineano sin estudios hable dos o tres lenguas, puesto que las necesita para comunicarse con sus familiares. La única lengua “oficial”, en la que se dan las clases en el colegio y en la universidad, es el francés. Por tanto, todo guineano con estudios ha de hablar también esta lengua.

Ligado a la etnia, existen varias religiones en Guinea. La musulmana es la predominante (85%) seguida por la cristiana (8%). Además hay muchas religiones animistas, sobre todo en la región de Guinea-forestal. A pesar de lo que uno podría pensar con tanta mezcla cultural y religiosa, hay buenas relaciones entre personas de diferentes etnias, conviviendo sin ningún inconveniente (pudiendo incluso casarse), unos y otros. Donde parece reflejarse más las raíces es en el momento de votar. Cuando hay que elegir un representante de la nación, las personas tienden a votar aquél que es de su propia etnia. Existen, sin embargo, nuevas corrientes de lucha contra esta separación. Algunos jóvenes cantantes “revolucionarios” defienden la importancia de la unidad nacional por encima de las raíces de cada individuo, al mismo tiempo que reivindican el valor de la educación de los niños, fundamental para permitirles ser libres y soñadores en sus pensamientos.

La mayoría de los niños de Guinea no están escolarizados debido a la falta de escuelas en los pueblos, sobre todo en zona de Guinea-alta. Los adultos de esta región valoran mucho la educación, sobre todo el aprender a escribir, y animarían a sus hijos a que fueran a la escuela. En las zonas donde sí hay escuelas la tasa de abandono es bastante alta, sobre todo en el caso de las niñas. Según uno de los trabajadores con los que hablé es por decisión de las propias niñas, que no ven la utilidad a estudiar, y es que la mujer en Guinea no tiene apenas valor. Hasta hace muy poco pegar a la esposa era normal. Ahora es ilegal pero muchos lo siguen haciendo. Una mujer no puede ser jefe, jamás podrá igualarse a un hombre, y luchar por ello resulta irrisorio. A la mujer blanca se la respeta más por el hecho de ser blanca, pero su autoridad siempre estará peor aceptada que si fuera un hombre.

Atardecer en el río Niger

Atardecer en el río Niger

Cualquiera que lea este resumen sobre el inexplorado país de Guinea pensará que yo me he pasado 4 meses viajando de un lado para otro. No me habría importado hacerlo y, en mi estancia allí he conocido una pareja que lo hacía y me dio bastante envidia, pero lo cierto es que yo fui allí por los chimpancés, y por ellos volvería. Fui como veterinaria recién titulada y volví como médico general, puesto que en la zona en la que yo estaba era lo más parecido a un médico en varios días caminando. He estado viviendo en medio de la naturaleza, en el Parque Nacional del Alto Níger, donde está el Centro de Conservación de Chimpancés de la república de Guinea, donde varios grupos de chimpancés huérfanos aprenden a comportarse como lo que son para poder volver algún día a la naturaleza. Y es que la vida salvaje en Guinea todavía existe, la zona de Guinea-forestal es famosa por sus parques naturales, donde dicen que se pueden ver hasta elefantes, y la zona de Guinea-media está recorrida de arriba a abajo por una gran masa forestal donde viven, entre otros muchos animales, chimpancés salvajes.

La concienciación sobre la importancia de proteger la naturaleza aún está en sus inicios. La caza furtiva es un hecho del día a día y, lo que es peor, se valen de fuegos incontrolados para hacer salir a los animales y poder matarlos, lo que hace que cada año se pierda gran parte de la vegetación, con los consiguientes problemas para el mantenimiento del suelo.

Parque Nacional quemado

Parque Nacional quemado

Guinea enamora por su lado salvaje y enternece con su gente, casi siempre deseosos de unas buenas palabras. Muchas otras cosas podrían contarse sobre este país, que espero poco a poco vaya siendo más y más explorado sin perder nunca su marca de autenticidad.

Texto y fotografías de Rut Domínguez Espinosa

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