Iconografía básica y visión personal de un género. “Rompenieves” de Joon-ho Bong

En los últimos años, el cine coreano ha logrado hacerse un hueco en el panorama cinematográfico contemporáneo, destacando no solo en pequeños círculos de críticos y especialistas, sino popularizándose también entre el gran público y logrando una cierta proyección en nuestras salas. Varias cintas han alcanzado notables números en taquilla, como es el caso de Shiri o El gran golpe, pero si debemos hablar de los tres grandes abanderados de este nuevo cine coreano cabe destacar por encima de los demás a Chan-wook Park, Jee-woon Kim y Joon-ho Bong. El primero de ellos llamó la atención tanto de crítica como de público con su contundente Old Boy, que dio a conocer los cánones que se han repetido en sus películas posteriores y que ha consagrado definitivamente a su realizador. El segundo también cuenta con grandísimos títulos en su filmografía, como la lírica, hermosa y ultraviolenta A Bittersweet Life, una joya olvidada injustamente por muchos y que salió directamente al mercado del DVD con casi diez años de retraso en nuestro país. El último es muy posiblemente el mejor de la tríada; Joon-ho Bong es un inteligente artista que es capaz, sobre fórmulas manidas y repetitivas, de crear su propio y personalísimo cine.

En su búsqueda por conseguir una vuelta de tuerca más a géneros especialmente explotados, abordó en Memories of Murder, su segundo largometraje, el thriller de asesinos en serie, logrando su mejor película hasta la fecha y una verdadera obra maestra. El patetismo de los policías protagonistas produce tanto risa como compasión, y aporta una dimensión mucho más humana y cercana de unos crímenes  brutales, con un corte y un desarrollo bastante clásicos y con una inteligentísima dosificación del ritmo de la trama. Después le siguió The Host, revisión del subgénero de monstruo que arrasa ciudades al estilo Godzilla, en una mezcla de terror, comedia y drama familiar, un ingenio comercial en el que no pierde nunca su particular visión, que llegó a tener cierto éxito en nuestro país gracias al boca-oído generado a su alrededor, demostrando la posibilidad de innovar incluso en estos terrenos pantanosos. Mother supone su regreso al thriller; en esta ocasión, con una visión mucho más personal y un enfoque que raya en lo cómico con esa señora mayor que trata por todos los medios de demostrar la inocencia de su hijo en un caso de asesinato, lo cual la llevará a pasar por un proceso de destrucción de sus ideales, hasta el momento perfectamente estructurados.

Una vez examinados los antecedentes, llegamos a su última obra hasta el momento, Rompenieves, basada libremente en el cómic francés de Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb.

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Resulta interesante destacar que los tres grandes directores anteriormente nombrados han realizado recientemente sus primeros trabajos con capital estadounidense. Tanto Chan-wook Park como Jee-woon Kim se han trasladado directamente a Estados Unidos y han realizado, respectivamente, sus películas Stoker y El último desafío. La primera de ellas cuenta con un guión paupérrimo que roza el ridículo constantemente y sin pretenderlo, a lo que poco ayuda el peor trabajo de dirección del coreano. Algo similar ocurre con la segunda cinta, una película entretenida pero que no termina de alcanzar el nivel de otros divertimentos de su director, como El bueno, el malo y el raro. Joon-ho Bong es de nuevo el que sale mejor parado de los tres por lo que se refiere a la coproducción entre Corea del Sur y los Estados Unidos, pues, si bien es una de sus obras menos destacables, Rompenieves mantiene la esencia de su cine aun volviéndose más comercial y asequible que nunca.

El film nos sitúa en un universo post-apocalíptico en el cual el ser humano, tratando de acabar con el eterno problema del calentamiento global, ha extendido por toda la superficie del planeta Tierra una gruesa capa de nieve, acompañada de una gélida y mortal ola de frío, que hace imposible la vida en el exterior. Los últimos supervivientes se encuentran a bordo de un gigantesco tren blindado que realiza un recorrido alrededor del mundo que tarda un año entero en completarse. En contra de lo que cabría esperar, las injusticias no se han llegado a eliminar de este futuro cercano, y es que las clases sociales están muy marcadas en este medio de transporte: mientras que los más acaudalados pueden permitirse vivir en una permanente fiesta en la cual no se privan ni del más mínimo de sus deseos, los pobres malviven con un repugnante alimento similar a un bloque de gelatina negra y en unas condiciones infrahumanas. La situación es insostenible y los desheredados, tras años de sufrir todo tipo de vejaciones, deciden terminar con el dominio de sus amos, arremetiendo contra ellos en busca de su propia libertad.

El tren Rompenieves se presenta como un microcosmos en el que se reproduce una sociedad teóricamente futurista aquejada de una involución que ha acentuado las diferencias entre ricos y pobres hasta unos extremos inimaginables. Obligados a convivir en un espacio reducido, los enfrentamientos son inevitables y, siguiendo una línea muy marxista, el proletariado se levanta en armas contra la clase dominante en una revolución que busca alcanzar definitivamente la igualdad en el último reducto existente de la humanidad. En cada vagón la comitiva se encontrará con un entorno distinto a los anteriores, manteniendo un carácter episódico que recuerda a los diferentes niveles de un videojuego o a las pruebas que debe vencer Ulises para reencontrarse en Ítaca con su amada Penélope. La llamada a la aventura se presenta como una imposición, un viaje que comienza en el último vagón para llegar hasta la locomotora, y en el que se tendrán que ir salvando diversos obstáculos hasta llegar a Wilford, el artífice y señor del transporte, que impone sus leyes y ha condenado a un destino peor que la muerte a los últimos desdichados del planeta Tierra.

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Los personajes que se embarcarán en esta misión suicida irán pereciendo sin remisión, dejando paso cada vez a un grupo aún más reducido. Lo importante no es el individuo en sí, sino el objetivo a alcanzar, y la muerte es un precio aceptable con tal de obtener la libertad deseada. El reparto está lleno de caras conocidas del cine más hollywoodiense, empezando por el propio protagonista, interpretado por Chris Evans, que ya hizo de Capitán América. Muchos de ellos se prestan a realizar lo que no pasan de ser breves cameos de unos minutos, presencias fugaces posiblemente justificadas por admiración hacia el cineasta e interés en trabajar con él más que por el lucimiento interpretativo. Entre todos ellos se encuentran grandes actores como John Hurt, Ed Harris o Tilda Swinton, pero posiblemente el mejor papel se le haya reservado al magnífico Kang-ho Song, actor fetiche de los tres directores aquí mencionados y uno de los más solventes de su generación. Este posee la cualidad única de otorgar a sus personajes un cierto aire de patetismo y comicidad (Memories of Murder, The Host, El bueno, el malo y el raro), un sello personal que se puede romper en cualquier momento si las exigencias del guión lo requieren (Chan-wook Park, por ejemplo, suprime estos matices en todos los papeles que le otorga). En el caso del Namgoong Minsu de Rompenieves, el humor se encuentra bastante restringido, aunque esto no supone ningún lastre para el polifacético intérprete, que se calza las botas del excéntrico personaje sin ningún problema.

Al igual que David Fincher, aunque salvando las distancias, Joon-ho Bong se acerca a la iconografía de diversos géneros sin menosprecio alguno. El coreano aborda la ciencia-ficción post-apocalíptica llena de acción sin desviarse demasiado de lo que cabría esperar de una cinta comercial de estas características, pero imprimiendo su sello personal en una cámara y un montaje alocados pero perfectamente medidos, y en una cuidada estética, especialmente lucida en algunas escenas como las del túnel, el colegio o la sala amarillenta. Un divertido entretenimiento trepidante y bien ejecutado en el que cada escena pasa rápidamente el testigo a la que le sigue, estructurando una coordinada danza que, si bien carece de especiales pretensiones, no nos permite apartar la mirada de la pantalla.

Joon-ho Bong es uno de los directores más interesantes del actual panorama cinematográfico desde que presentó la excelente Memories of Murder y, aunque no estamos ante uno de sus mejores trabajos, Rompenieves no desmerece al conjunto de su filmografía.

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