Tu próximo voto

Es época de elecciones y las soluciones a los grandes problemas de la sociedad vuelan de boca en boca. Ganas de fomentar un cambio para mejor o promesas a la caza de papeletas. Es el turno de las europeas, que hacía décadas que no levantaban tanta expectación, y son muchos los ciudadanos que consideran que esa es la arena por la que pasa la salida de la crisis. Y que ese es el terreno en el que tiene más sentido plantar cara a algunos de los más fervientes defensores –e impulsores- del austericidio. Tanto en la derecha como en la izquierda del espectro político han surgido nuevos partidos con la intención de llevar a Bruselas la voluntad de los españoles.

Siglas y mensajes nuevos o renovados, aunque algunas de las caras sean conocidas. Consignas que hacen al votante darse cuenta de que la cita con las urnas está a la vuelta de la esquina. Que le alejan de los mismos oradores y discursos de siempre. Pues en una política que parece sumida en un periodo electoral constante es muy complicado distinguir el trabajo de Gobierno u oposición de la campaña. El dicho y el hecho. Lo que se iba a hacer por ti y lo que se ha hecho. O lo que no.

Todo se vende bombo y platillo o se regala a las telarañas del olvido. Como si nunca hubiese llegado a pasar por entre los dientes de nadie ni se hubiese impreso en miles de octavillas. Pagadas, por cierto, con dinero público, con donaciones privadas o por la benevolencia de una banca que no perdona un céntimo a los desahuciados. Ni a los autónomos, ni a cualquiera que haya solicitado un crédito y no tenga dinero o influencia para devolverlo. Todo se peina y se disimula con datos afines o propios. Se defiende a capa y espada cada movimiento, aunque sea a todas luces precipitado, erróneo o inútil. Previsor, voluntarioso o bien intencionado.

Con este panorama es imposible no cuestionarse el valor del voto. Los comicios llenan instituciones pero la visita al colegio electoral parece no tener valor como lazo del que tirar para exigir el cumplimiento de las promesas. Un cheque en blanco. Una vez lo das, tienes las manos atadas. El que realmente vale es el siguiente. Y el otro. Por ese es por el que trabajan la mayoría de sus señorías.

Por eso tiene el ciudadano la sensación de que si hay una papeleta que realmente puede cambiar las cosas, esa es la que aún no ha metido en la urna. Aunque sospecha que una vez la suelte tendrá que esperar a la próxima para ser importante de nuevo. Por eso los grandes partidos ya no generan ilusión. Porque han tirado por la borda demasiadas oportunidades.

Han hipotecado su credibilidad. Y se han olvidado de pagar los plazos. Los bancos parecen no tener problemas para seguir financiando económicamente sus campañas pero los ciudadanos empiezan a reclamar la deuda. Y los intereses. Quieren participar y sentir las decisiones de sus políticos como suyas propias, tomadas en favor de sus intereses. Por eso, entre otras cosas, se rodeó el Congreso y por eso los ciudadanos tienen una opinión tan baja de quienes les gobiernan. Rara es la semana, de hecho, que sus señorías no se llevan una bronca mientras van o vuelven de este acto público al otro. A falta de capacidad de control derecho a pataleta y a tirón de orejas. De momento.

Porque cada vez que un partido decide ir más allá de las banderas que levantan sus afiliados se lleva una sorpresa. El que sea capaz de abrir el dique y tenga la destreza de mantenerse a flote tendrá mucho ganado. Llevan años haciendo oídos sordos a propuestas como permitir las listas abiertas y antes de que se planteen siquiera esa posibilidad, la calle ya demanda también primarias. Porque ha comprendido que su opinión y sus derechos no cogen en un pequeño trozo de papel y menos con la tecnología actual, que permitiría una participación mucho más fluida.

El parlamento europeo no sería un mal comienzo para una política mucho más ciudadana y, por tanto, más democrática. Pero cada ciudadano, sea cual sea su ideología, debe presionar a los partidos, sobre todo al que vota. Porque es su derecho tener una mayor capacidad de decisión y de influencia sobre su propio devenir. Es tiempo de cobrar la deuda de confianza, se sitúen donde se sitúen las ideas de cada uno.

Fotografía de portada: Jacques Henri Lartigue; Mi primo Andre Haguet, 1902.

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2 Respuestas a “Tu próximo voto

  1. Gran artículo. Simplemente apuntar que el poder ciudadano no se limita a meter la papeleta cada 4 o 5 años (ya le gustaría a la clase dirigente), sino que también se ejercer a través de participación en movimientos sociales, asociaciones, voluntariado, etc. A raíz de las movilizaciones sociales de los últimos años, creo que éste segundo aspecto a cobrado mucha importancia.

    • Muchas gracias. Tienes razón. El cambio ha venido gracias a los movimientos ciudadanos, que han enseñado el camino. Y si la calle sigue reclamando más democracia, los dirigentes no tendrán más remedio que concederla. ¿No es acaso un gran motivo para gastar un par de zapatillas? Un saludo

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