La verosimilitud de la ficción

El grandísimo director de anime Satoshi Kon murió a la temprana edad de cuarenta y siete años, en 2010, dejando tras de sí una breve pero intensa filmografía, formada principalmente por cuatro largometrajes y una serie televisiva. Pese a su inesperado fallecimiento y a que quedara inconclusa su última película, The Dreaming Machine, podemos apreciar su obra como un todo uniforme en el que encontrar temas e inquietudes recurrentes y una personalidad claramente definida desde su primer título. Kon crea un universo propio e intransferible en el que la ficción y la realidad conviven juntas de forma indistinta hasta el punto que resulta imposible diferenciar una de otra, donde el cine habla sobre el propio cine y de su presencia como realidad tangible, como creador de pesadillas y de sueños en los que se verán envueltos sus personajes.

No resulta nada fácil destacar una cinta de Satoshi Kon sobre las demás o tratar de buscar la más representativa, aunque la primera descartada sería Tokyo Godfather, que es la más atípica dentro de su filmografía y no alcanza en calidad a las otras, en cambio las tres restantes son magníficas y cada cual mejor: la oscura y desasosegante Perfect Blue, la emotiva y dinámica Millenium Actress y la delirante y onírica Páprika. La aproximación a su obra resulta más rica y apasionante si tenemos presente la totalidad de sus creaciones pero, tomando solo una como vehículo conductor que nos sirva para recorrer el conjunto, la elección más acertada sería Páprika, por su carácter de obra no intencionadamente testamentaria y por contener todas las claves del cine de Kon desde un punto de vista más maduro y complejo.

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Un revolucionario artilugio, el PT, ha sido robado cuando aún se encontraba en fase experimental. La finalidad del invento consiste en permitir a los psicólogos adentrarse en los sueños de sus pacientes y desde ahí, poder realizar mejores y más certeros análisis, pero cuando cae en las manos inadecuadas las consecuencias serán devastadoras. El ladrón utilizará malintencionadamente el PT para crear un sueño completamente descabellado que arremeterá contra los que otros durmientes estén experimentando, en un atentado terrorista terrible y aparentemente imparable. Por suerte, la psicóloga Atsuko Chiba tiene para sus pruebas a Páprika, su alter ego que solo toma forma corpórea en los sueños. La aguerrida detective no descansará hasta dar con una solución al descontrol que ha generado el temible terrorista.

Muchos cineastas hablan de lo irreal que resulta la propia realidad, entre los que se cuentan el director coreano Hong Sang-soo o David Lynch en algunas de sus obras, como por ejemplo Terciopelo azul, pero el enfoque que impera en la obra de Satoshi Kon sigue un camino directamente inverso. El japonés incide constantemente en lo verosímil que resulta lo irreal, lo que con absoluta seguridad no es creíble pero se adentra en la vida de los personajes desafiando su sentido de la cordura de tres formas distintas: la pesadilla absoluta (Perfect Blue), el sueño melancólico (Millenium Actress) y el delirio colorido e inquietante (Páprika). Kon pone el acento sobre la ficción que cobra forma corpórea, que se adentra en la realidad de improviso, detalle especialmente destacable pues configurará su particular visión. El horror invadirá a Mima Kirigoe cuando una serie de asesinatos terminen con la vida de quienes le están dificultando su trabajo, y el verdadero miedo residirá en lo real que resulta algo que no debería ser más que una pesadilla. Chiyoko Fujiwara rememorará su vida entera como actriz de cine y confundirá sus vivencias personales con la de los personajes que ha interpretado, pero todo fluye con perfecta naturalidad en esta mezcla en la que lo único que importa es el amor que siente por el misterioso desconocido, y como su vida ha girado por completo alrededor de él en el hermoso homenaje que Kon realiza al séptimo arte. Al final de Páprika, el universo onírico que ha ido creando la cabalgata de elementos inanimados, entrará plenamente en la realidad como algo tangible y veraz. Por el contrario, Tokyo Godfather es una historia real en la que acaecen ciertos acontecimientos fantásticos como parte de un mundo verosímil en el que lo irreal puede hacerse un pequeño hueco.

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Satoshi Kon habla sobre el propio cine y cómo es capaz de transformar la realidad objetiva que nos rodea, y si bien Millenium Actress es su mayor homenaje al séptimo arte, todas sus películas versan sobre el mismo. En Perfect Blue se plantea la industria cinematográfica como un terreno peligroso y oscuro en el que para ascender hay que incurrir en una degradación personal, aunque la fascinación que el director muestra por la fábrica de sueños se mantiene presente en todo momento. En Páprika, los deslumbrantes sueños que se recrean remiten constantemente al cine, de hecho uno de ellos transcurre en una sala de proyección en cuya pantalla se puede visionar otro sueño, como si se tratase de un juego de matrioskas que se contienen unas a otras. El detective Kogawa Toshimi está inmerso en una depresión causada por los recuerdos del pasado que le acosan, aparejada a una desproporcionada fobia al cine. Una vez logra resolver sus problemas es capaz de reconciliarse con el arte cinematográfico, recupera la esperanza que había perdido por completo, y el director se permite llenar toda la cartelera con sus propias películas. Los sueños se acercan a todos los géneros, desde la comedia romántica al thriller; el cine es la más pura representación de la fantasía que funciona como núcleo del universo onírico creado. De la misma forma, en Millenium Actress se hace un recorrido por diversos géneros especialmente representativos para la historia de Japón (películas de samuráis al más puro estilo Kurosawa o de ciencia ficción más cercana a la propia animación moderna), un viaje por el propio cine y por la historia de amor entre Chiyoko y el artista, que sólo podrá mantenerse dentro del celuloide, el cine preserva la imagen más allá del paso del tiempo e incluso de la muerte, algo que ya apuntaban algunos estudiosos como André Bazin hace más de cincuenta años

El cine también es representado como un artefacto capaz de modificar el espacio y el tiempo. Desde la invención del vídeo doméstico en los años 80 se ha ampliado, en ciertos aspectos, la experiencia del espectador; se le ofrece la posibilidad de pausar, rebobinar hacia delante y atrás, otorgándole el control de la recepción con que verá la obra. Tanto en Perfect Blue como en Millenium Actress se recurre al rebobinado sin que se advierta que lo que se está modificando es una cinta dentro de la propia película, la obra toma conciencia de sí misma como entidad física que está expuesta a los designios del espectador, que tiene la potestad de alargar o acortar el tiempo y los espacios.

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Muchísimos directores recurren en sus obra a la dualidad, ya sea argumentalmente, en la construcción de las relaciones entre personajes, o visualmente. Uno de los grandes maestros que la mantuvieron presente en la inmensa mayoría de su extensa filmografía fue Alfred Hitchcock. En la que innegablemente es su obra maestra más absoluta, Vértigo, la dualidad se mantiene en todo momento, las dos Madeleine, los dos saltos desde la torre, la división en dos mitades del film… Satoshi Kon también tiene muy presente en su obra la idea de la duplicidad que, en su caso, surge siempre del universo ficticio que cada vez le gana más terreno a la realidad. En Perfect Blue, la joven actriz Mima tendrá que enfrentarse a su doble maligna, una representación de su propio subconsciente y de la mente atormentada de su acosador. En Millenium Actress, Chiyoko tiene su doble en los papeles que interpreta, pero llega a fusionarse de tal forma con ellos que casi no se podría hablar de dualidad, aunque sí la encontramos en la bruja de la rueca, que forma parte de la actriz como un maligno reflejo de lo que ella es capaz de esconder en su interior. Incluso en la serie televisiva Paranoia Agent se aprecia esta doble personalidad en Harumi Chono, que durante el día es una apocada maestra de escuela y por la noche se convierte en María, una lujuriosa prostituta de lujo. En Páprika, el personaje que da título al film no es más que el avatar en el mundo de los sueños de la psicóloga Chiba Atsuko, que utiliza como una segunda piel para no exponerse directamente a los peligros del inconsciente, como podemos ver cuando rompen por la mitad a Páprika y en su interior está Chiba.

En la sensacional serie televisiva True Detective, la selección de la época en la que se desarrolla es muy acertada y calculada. A mediados de los 90 las tecnologías digitales no estaban implantadas, pero todo lo demás parece mantenerse tal y como lo conocemos hoy día, por lo que se consigue un inusitado aire de extrañeza en este mundo que se nos recrea. De la misma forma, en la filmografía del director japonés la tecnología adquiere protagonismo para anclarnos a una época determinada. Perfect Blue fue realizada en 1997 y por lo tanto su protagonista prácticamente desconoce la red de redes cuando su representante le habla de una página de Internet. A Kon también le interesa la propia evolución tecnológica, en Millenium Actress podemos apreciarla a lo largo del siglo XX hasta llegar al XXI e incluso adentrándose en la ciencia-ficción, y en Páprika no solo se contempla la tecnología actual sino que se introduce un aparato futurista alrededor del cual gira la historia.

Páprika es un auténtico delirio, todo un alarde de imaginación y dinamismo por parte de un director que no ha hecho más que buenas películas desde que comenzó en el terreno cinematográfico. En ella culmina su estilo más personal, recogiendo todos sus temas recurrentes, en especial lo irreal veraz y cómo el propio cine es algo apasionante y desbordante, sanador y hermoso, la exaltación de todo aquello que Kon amaba, un magnífico testamento cinematográfico no intencionado.

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4 Respuestas a “La verosimilitud de la ficción

  1. ¿Que “Tokyo Godfathers” es la “primera descartada”? Increíble pensamiento falaz, por favor. Evidentemente NO vimos la misma película. “Tokyo Godfathers” es tan insustituible como cualquiera de las restantes. No sólo lleva el drama a un nivel más mundano y marginal, si no que trabaja la ficción de las causalidades imposibles que confluyen hacia un destino común, sirviendose de gestos y modos del cartoon. Esas causalidades-casualidades-destinos tienen mucho que ver con el modo en que Kon percibía la(s) realidad(es), como puede deducirse de las entrevistas especiales que se publicaron en los libros de arte de “Millenium Actress” y su testamento final, publicado en KonStone (página web del autor). Desde el punto de vista plástico la artesanía extraordinaria de los fondos, donde personaje y escena son una unidad (cosa que no ocurre en “Paprika”, donde el GGI arruina el montaje en varias escenas). Si vos podés encontrar otro anime de la era digital donde esto se vea, te doy un premio. Desde el punto de vista argumental, “Tokyo Godfathers” analiza uno de los más graves problemas de la sociedad japonesa actual : la vida trágica de los vagabundos. ¿ Que “Páprika” es la más representativa de sus ejes? Muy dudoso. ¿ Con qué varita de medir se dice eso ? Cualquier otro podría elegir la suya a gusto y placer. Por mi parte te diría que es “Millenium Actress”, por muchos motivos : la originalidad del guión, que el mismo Kon realizó, el diálogo con el cine, la calidad de animación teniendo en cuenta el presupuesto diminuto con que se hizo, la originalidad del montaje dentro de las peticiones del guión, la cantidad abierta de interpretaciones posibles mutuamente contradictorias pero consistentes con cada plano y escena de la película, el montaje gráfico que a veces oscila entre lo plano y lo tridimensional (esta tridimensión, sin necesidad de dar toda la escala de valores), etcétera, etcétera. ¿ La idea de dualidad ? Está en toodas sus películas. Yo creo que decir “dualidad” es una sobresimplificación interpretativa. Me atrevería a decir fabulaciones, delirios, falsedades, falsas racionalizaciones. En “Tokyo Godfathers” esto se aprecia muy bien, porque cada persona teje una fabulación significativa sobre su pasado y sus futuro. Por lo demás, el artículo es muy bueno.

  2. Pingback: Las alas de la creatividad: “Seraphim”, de Mamoru Oshii y Satoshi Kon | Harlan·

  3. Muchas gracias Juan! Me alegra que te haya resultado interesante el artículo. Comparto contigo que Satoshi Kon es un magnífico director que no es tan conocido como merecería, y al igual que él muchos otros. Esta plataforma es ideal para dar a conocer un poco más algunos grandes autores y sus obras. Si no la has visto también merece muchísimo la pena Millenium Actress.

    Gracias de nuevo y un saludo!

  4. Muy buen artículo, Pedro. Me encantó “Perfect Blue” y, aunque no haya visto aún “Paprika”, iré a por ella en cuanto me sea posible. Este tipo de artículos son necesarios para traer a la luz el trabajo de cineastas de tanta calidad como Satoshi Kon, a los que otros, mucho más famosos, han llegado a comprar derechos de autor con tal de “reproducir” escenas suyas con actores de carne y hueso, tal y como pasó con Arofnosky y la famosa escena acuática de “Requiem for a dream”.

    Gracias por el trabajo y un saludo!

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