Shiri “El primer paso a la independencia cinematográfica”

El cine coreano vive en la actualidad en la cima de la ola. Nosotros, desde Occidente, “lejanos observadores” como decía Burch en su libro To the distant Observer hablando de cine japonés, recibimos solamente retazos  del mundo asiático. Somos, son, o sois (según en la situación en la que cada uno se coloque), culpables de dejarnos llevar por las mareas de las modas y novedades festivaleras. Así, Japón vivió su momento de mayor gloria en los años cincuenta (para nosotros), después vino China, Hong Kong, Taiwan. Nuestra atención volvió levemente a Japón a principios de los noventa y hoy nuestros ojos ávidos de nuevos horizontes, o no tan nuevos, se posan en Corea del Sur.

Muchos lectores pueden estar en desacuerdo con lo dicho anteriormente, es un tema que da para mucho (y que esperaremos ahondar en futuros artículos). Sin embargo, lo que es innegable es que el cine surcoreano está hoy en día en boca de todos. Sus directores son las nuevas estrellas del panorama mundial, rifados entre las productoras norteamericanas que se pelean por financiar sus nuevos proyectos.

El boom de la cinematografía surcoreana no ha sucedido por arte de magia. Es sencillo marcar un año como el inicio de la ola de novísimos directores que han impulsado el cine coreano al estrellato. Es mas, hay un film que puede jactarse de haber tirado la primera ficha de dominó de este gran tablero.

En 1999 el director surcoreano Je-kyu Kang (강제규) consigue financiación para Shiri, su segundo proyecto cinematográfico. Kang es uno de los nombres con más fuerza dentro del efecto llamado Blockbuster coreano, es más, podría decirse que es su fundador. Cuenta con solo cuatro películas a sus espaldas: Eunhaengnamoo chimdae (1996), Shiri (1999), Lazos de guerra (2004) y My Way (2011). Con cuatro títulos en 18 años no es precisamente un director prolífico, pero sí un creador de éxitos comerciales con una factura técnica impecable. Sus dos últimos films son dos grandes epopeyas bélicas, tratando primero la Guerra de Corea y después toda la Segunda Guerra Mundial, en dos producciones que no tienen nada que envidiar a las norteamericanas.

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Shiri fue una película creada desde el primer momento a la manera hollywoodiense. Una película de acción con una historia dramática de por medio. La historia, situada en el presente, narra un romance entre un agente de seguridad surcoreano y una agente de fuerzas especiales norcoreana encubierta. La historia se desarrolla  en un momento crucial para la historia de las dos Coreas. En el año 2000 los líderes de ambos países tuvieron el encuentro denominado “Declaración Conjunta entre Corea del Norte y del Sur”, un acercamiento político entre ambos países para suavizar la situación política del momento, algo muy deseado por la gente que en su mayoría, al menos en el sur, parecía querer la reunificación. Kang construye una cinta de acción que tiene como epicentro la intrusión de un grupo de soldados de élite norcoreanos en Corea del Sur para utilizar un prototipo nuevo de bomba en un partido de fútbol amistoso entre las dos Coreas. Una pareja de agentes de seguridad surcoreanos irá descubriendo la trama política y tendrán que enfrentarse a ellos.

Lo primero que nos llama la atención de la película es el reparto de lujo con el que cuenta. La pareja de agentes de seguridad surcoreanos están interpretados por Suk-kyu Han, que da vida al agente surcoreano enamorado de la francotiradora norcoreana encubierta y, uno de los pesos pesados en el cine coreano, conocido por films como The Host, Sympathy For Mr. Vengance o la reciente Snowpiercer. El papel de la agente encubierta norcoreana está interpretado por (más conocida en occidente por su papel de Sun en LOST) y en el papel del líder del grupo norcoreano, el realizador contó con Min-sik Choiquizás uno de los mejores actores surcoreanos habiendo participado en films como Old Boy, Sympathy for Lady Vengance o I saw the devil. Shiri no solo abrió la veda de los blockbusters nacionales, sino que fue para muchos de los grandes actores de la actualidad coreana su primera toma de contacto con un cine de grandes presupuestos.

Kang demuestra controlar a la perfección la realización de escenas de acción. Ya vemos aquí una buena dosis del talento que demostrará al dirigir posteriormente Lazos de guerra (2004). Con una realización rápida y dinámica solventa correctamente los tiroteos y escenas más trepidantes de la película creando una atmósfera de película hollywoodiense que fue uno de los motivos de su éxito.

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Si la acción de la película y el apartado más cercano al entretenimiento puro y duro están bien logrados, no sucede igual con la carga dramática del film. La historia de los dos protagonistas principales: Suk-Kyu Han y Yunjim Kim queda algo forzada y poco creíble. Cuesta aceptar que no se reconozca en ella a la figura de la francotiradora y queda algo forzado el camino de descubrimiento que emprende Suk-Kyu Han hasta dar con la verdad.

A partir de aquí queda levantada la bandera de spoiler. No siga leyendo sin haber visto antes la película.

Hacía el final de la cinta, ella le cuenta el plan para el atentado y ambos aceptan que es imposible amarse y servir a sus respectivos países. El hecho de que al final de la película él acabe con su amada mientras esta intenta acabar con el presidente de Corea, cierra la elección del deber por encima del amor. Cuando se descubre además que ella estaba embarazada, Kang cierra su mensaje con una castración simbólica de la nación. No hay unión posible (en el presente) a pesar del amor entre las dos partes. Kang humaniza en la figura de los dos agentes enfrentados a las dos Coreas. En el fondo de la historia y del film, ellos son la representación de sus dos países.

Shiri supuso un cambio radical en la muestra del conflicto, creando una imagen más cercana para el pueblo surcoreano que no veía ya tanto a un enemigo en Corea del Norte como a una víctima hermana. Kang desarrollará el conflicto entre las dos Coreas otra vez en su siguiente película Lazos de Sangre, representando a ambos países en dos hermanos inmersos en el conflicto. Esta nueva forma de mostrar la situación entre dos países que, no lo olvidemos, siguen técnicamente en guerra, tuvo una aceptación nacional sin precedentes. La población comenzó a ver a su vecino del norte como una víctima más y no como los temidos monstruos come niños de la postguerra.

Panfleto surcoreano en la guerra de Corena

Panfleto surcoreano durante la guerra con sus vecinos del norte

La película de Kang no es recordada hoy en día como una película técnicamente excepcional, tampoco por contar con un gran trabajo de actores (a pesar de tener un material excepcional), ni será recordada tampoco por su trama. Es ese giro de tuercas en la representación de un conflicto tan profundo lo que mantiene a Shiri entre una de las películas más importantes de los últimos 20 años en Corea del Sur. A esto hay que sumar que Shiri supone la respuesta de la industria cinematográfica surcoreana al cine norteamericano y la aparición de su primer blockbuster. Shiri tuvo seis millones de espectadores nacionales (en un momento en que la industria de la exhibición estaba sufriendo fuertes cambios; ahondaremos en ello en futuros artículos) desbancando así el anterior récord de 1998 de cuatro millones de espectadores que ostentaba la extranjera Titanic (James Cameron, 1997). Shiri supuso la entrada con fuerza del cine comercial de calidad coreano, después de ella Joint Security Area (Park Chan-wook, 2000) superó a Shiri en recaudación, para ser superada por Silmido (Kang Woo-suk, 2003).

Curiosamente los tres títulos que asentaron el llamado blockbuster coreano tratan la división de las dos coreas de formas completamente nuevas para el discurso oficial. Supusieron la caída en picado del índice de visionado de las películas norteamericanas, y el ascenso de la producción nacional que hizo de la exhibición su punto fuerte (y lo sigue siendo). Shiri inició, por decirlo de manera romántica, una defensa a ultranza del cine nacional surcoreano, un movimiento que fue seguido en masa por el público que se volcó en la producción nacional haciendo que las cuotas de pantalla sigan estando casi siempre copadas por productos domésticos.

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