Ciudad de vida y muerte

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Tan solo cuatro títulos conforman la breve filmografía del director Lu Chuan, en la que encontramos un especial predominio del género de acción, que tiene una afianzada tradición en su país, China, y también mucha influencia del cine norteamericano. Repite este género en tres de sus obras, permaneciendo solo una fuera del mismo, justamente la más conocida de todas ellas y la más destacable: Ciudad de vida y muerte (2009), un desgarrador drama bélico. No obstante esta tampoco escapa a una clara influencia americana. Resulta imposible ver la obra magna del director chino sin que se nos vengan a la mente películas como Salvar al soldado Ryan o La lista de Schindler, de ahí el sobrenombre que muchos le han otorgado: el Spielberg chino.

 Es de sobras conocido el excesivo control por parte del gobierno chino de toda obra artística que se realiza dentro de sus fronteras, no hay más que recordar el caso del controvertido creador contemporáneo Ai Weiwei, que se rumorea fue sometido a torturas debido a su activismo. De hecho, hasta finales de los años 80, todo aquello que tuviese la más mínima relación con el sexo estaba terminantemente prohibido, de ahí lo ofensivas que resultaron en su momento cintas como La linterna roja de Zhang Yimou, o Adiós a mi concubina de Chen Kaige, esta última atreviéndose incluso a abordar el tema de la homosexualidad. Ciudad de vida y muerte no es un film especialmente transgresor, no desafía al gobierno, ni mucho menos, pero sí que sus imágenes más dolorosas y terribles están centradas en las violaciones de las mujeres de Nanking por los soldados japoneses. Por lo tanto este film es hijo de su tiempo, fruto de una China mucho más abierta al mundo exterior, que permite el tratamiento de ciertos temas que hasta no hace muchos años eran considerados tabú.

A finales de 1937, las últimas tropas chinas en Nanking son vencidas y aniquiladas por los japoneses y, cuando parecía que lo peor ya había pasado, el verdadero infierno daba comienzo. La ciudad queda completamente bajo el yugo de los vencedores, teniendo estos en sus manos el destino de militares y civiles. Ciudad de vida y muerte muestra, mediante el seguimiento de diversos personajes, uno de los muchos episodios terribles que nos deja la Segunda Guerra Chino-Japonesa: un soldado chino que resiste hasta el final y el niño que le acompaña y carga con la munición, un japonés tremendamente afectado por todas las brutalidades que están cometiendo, el nazi John Rabe que lucha por erradicar el maltrato y las injusticias que se cometen sobre los chinos, el secretario de este último que trata de mantener a su familia a salvo pero le resulta imposible. Estos serán algunos de los personajes que nos guiarán a través de este infierno y de las monstruosidades que en él se cometen.

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Efectivamente, desde que realizó este film, a Lu Chuan se le conoce como el Spielberg chino, lo cual no deja de tener cierto sentido. La utilización del blanco y negro recuerda a La lista de Schindler, al igual que las desoladoras imágenes de la ciudad destruida y repleta de cadáveres amontonados en todas partes; la cámara en mano en plena batalla nos remite al desembarco de Salvar al soldado Ryan, y la crudeza tangible de la deshumanización que conlleva la guerra. Pero por otra parte, este apodo resulta tremendamente injusto. La filmografía de Steven Spielberg está dividida en dos definidos grupos, el de aquellas cintas más comerciales de acción y puro entretenimiento y el de sus proyectos más personales y cuidados, léase aquellos en los que persigue a toda costa un Oscar. Salvo contadas excepciones, como la magnífica Lincoln, el estadounidense ha demostrado ser mucho más hábil en el entretenimiento sin pretensiones (Parque Jurásico, la trilogía de Indiana Jones) que en sus películas más serias. Y uno de los principales pilares en los que se sustenta esta afirmación es justamente que siempre suele buscar la lágrima fácil, el forzar las situaciones dramáticas en exceso en detrimento de su calidad y verosimilitud; recordemos a ese Oskar Schindler agitando un alfiler y gritando que con él podría haber salvado aunque solo fuera a uno más, o al ya anciano Ryan llorando y preguntando a su familia si realmente ha aprovechado su vida, por todos aquellos soldados que perdieron la suya para poder rescatarle. Excesivo, en efecto.

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El film de Lu Chuan no incurre en estos errores que sí podemos atribuir a Spielberg, no fuerza exageradamente que el espectador rompa a llorar a lágrima viva, y consigue ser incluso más emocionante. Ciudad de vida y muerte tan solo muestra con inusitada crudeza y de forma completamente directa, sin tapujos, el horror por el horror (aquel del que hablaba el sibilino Coronel Kurtz), aquellos límites a los que es capaz de llegar el ser humano que ya no lo es, que está completamente vacío, deshumanizado y controlado por una maquinaria mucho mayor que él. Resulta inconcebible que las abominaciones que cometen los soldados japoneses sean obra de simples personas, y no de criaturas infernales. Pero así es, el poder de decidir sobre la vida o la muerte de un semejante no hace más que cegarlos y corromperlos. En estos terrenos tan oscuros y desagradables se adentra el sobresaliente documental de Joshua Oppenheimer, The Act of Killing, en el que podemos presenciar los testimonios de verdaderos asesinos despiadados que se pavonean orgullosos de sus crímenes. Los soldados japoneses no llegan a ser tan execrables como los protagonistas indonesios del documental, están deshumanizados por el fervor de la batalla y la violencia constante a la que se ven expuestos, como en La chaqueta metálica de Stanley Kubrick, pero también hay momentos para la esperanza, la bondad e incluso la belleza, que recuerdan a la lucha del Coronel Dax o a la angelical aparición de la cantante alemana al final de Senderos de gloria.

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A nivel formal no podemos dejar de comentar la utilización del blanco y negro, tema que en muchas ocasiones puede llegar a ser muy controvertido. Cuando se empezó a instaurar el color en el cine, las imágenes de los noticiarios bélicos causaron gran sensación, pues los estridentes colores otorgaban nuevas dimensiones a aquellas imágenes patrióticas y maniqueas. La sangre que antes no era más que una mancha oscura ahora se podía apreciar como un rojo intenso, y no se tardó en regresar al blanco y negro para no escandalizar a los espectadores. Por supuesto, renunciar al color en una cinta bélica puede llevarnos a recordar estos acontecimientos; muchos lo tacharán de manierismo, o incluso de hipocresía a la hora de estilizar el horror acontecido durante la Guerra Chino-Japonesa, pero este no es más que un recurso estilístico y artístico perfectamente válido y en ningún momento irrespetuoso con las víctimas de la matanza. Cierto es que en La lista de Schindler el paso de color a blanco y negro y de nuevo a color, y el abrigo rojo de la niña pueden llegar a resultar algo crispantes e innecesarios, una forma simplona de representar la esperanza y la pérdida de la misma. Pero esto no se da en Ciudad de vida y muerte, sino que acrecienta aún más su crudeza con el impactante blanco y negro.

El film de Lu Chuan es realmente conmovedor y algunas de sus imágenes se quedan marcadas en nuestras retinas de manera indefinida, como la niña entre todas las manos alzadas en un gesto de rendición, o las mujeres ofreciéndose a ser violadas brutalmente por el enemigo con tal de salvar al resto de los supervivientes. La ciudad sitiada de Nanking se convierte en un microcosmos en el que poder apreciar tanto lo peor como lo mejor de lo que es capaz el ser humano, recurriéndose en muchas ocasiones al hermanamiento mediante las manos entrelazadas como la unión para sobrevivir ante el mal absoluto. Tal vez le sobren los rótulos que ubican al espectador en la situación que está aconteciendo, como si fueran los títulos explicativos de un filme mudo; únicamente conociendo el año y la ciudad el resto debería poder contarlo la cinta sin ayuda de este recurso, pero solo tal vez. Ciudad de vida y muerte posee momentos absolutamente escalofriantes y, sobre todo, mucho buen cine.

City of Life and Death2

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