Girad. Uníos al Cosmos

Giran sobre sí mismos al contrario de las agujas del reloj, con la cabeza ladeada y el propio ser en comunión con el Cosmos durante el tiempo que sea necesario.  El giro sufí o derviche no es tanto una danza sino la expresión de un sentimiento de exaltación tal, que los hace ponerse en movimiento. A través del giro circular, los que practican esta técnica llegan a un estado mental y corporal en el que se desprenden de su “yo” para introducirse en el ritmo giratorio del universo.

Campañas turísticas y espectáculos callejeros y teatrales de países como Turquía, han exportado una imagen muy definida de estos Derviches Giróvagos o Mevlevíes, que giran durante horas hasta llegar a un estado de trance. En realidad lo que están haciendo bajo su percepción es “entrar en comunión con el cosmos”, como explica Halil Bárcena, Director del Institut d’Estudis Sufís de Barcelona en su publicación Un cosmos que danza. Para un Derviche cuando gira, se está entrando en el movimiento universal de los planetas alrededor del sol en el que toda la existencia participa. La vida es movimiento. “Danzan los animales, la lluvia, el viento, también las piedras, los árboles y el ser humano”, dice Halil. Todo movimiento circular genera energía. El derviche gira para introducirse en ese movimiento y ser partícipe de la energía que hace que la vida se mantenga y sea como es.

Sin embargo, el giro forma parte de algo más amplio. Aquel que comenzaba a girar, lo hacía porque se encontraba a través de la forma de vida sufista, descubriéndolo a Él. De ese éxtasis surge el movimiento. La técnica vino después.

Sufismo

No es sencillo establecer un origen y una definición para acotar el concepto de Sufismo. Ningún texto lo aclara. Más aún todos recalcan lo complicado que resulta describir con palabras este modelo de vida. Si bien no suele aparecer desligado del Islam, y para algunos autores como la alemana Annemarie Schimmel, es casi una aberración separarlos (algo normal si se entiende que los clásicos maestros sufís han sido musulmanes) también hay otros que entienden que el Sufismo no es sino una forma de ver el mundo. Una filosofía de vida en la que la religión puede ser partícipe.

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Derwisches Tourneurs a Constantinople. Jules Gaildrau.

Doris Lessing, escritora de nacionalidad británica, nacida en Irán y Premio Nobel de Literatura en 2007 (fallecida recientemente el 11 de noviembre de 2013), en su artículo “An Ancient Way to New Freedom” para la revista Vogue, también describe al sufista sin colocarle ninguna etiqueta; “La persona sufista puede ser un científico, un político, poeta, una ama de casa, un acomodador del cine y nunca ser reconocido por tal ya que el Sufismo no tiene nada que ver con la apariencia externa y la conducta. Está en funcionamiento todo el tiempo, en todo el mundo, en cada país, a veces abiertamente, a veces no”.

Así las preguntas ¿Qué es un sufista? y ¿qué es el Sufismo? no tienen respuesta convincente. Lo que sí parece es que un sufista puede ser aquel que agarra la sentencia que resalta Lessing “God is love”, la hace suya y la practica. En la base del Sufismo está la búsqueda de uno mismo como forma de alcanzar el Amor universal. Cuando uno se encuentra con su “yo” verdadero, experimenta Amor a toda la existencia. Amor a lo pasado, presente, futuro, material e inmaterial. Amor a Dios.

Las fechas sobre la creación del término tampoco están claras. El escritor Chistian Bonaud en su obra “Introducción al Sufismo” se lo atribuye a un pastor alemán que en 1821 “forjó el término latino Ssufismus” que habría de producir la palabra. También hay quien lo asocia a la raíz etimológica del término árabe taṣawwuf,  del que derivaría la palabra ṣūf, lana en árabe. “La lana era el material más sencillo con el que los pastores se cubrían”, explica Mohammed El-Sayed profesor y practicante del giro sufí. Así “el Sufismo es la filosofía de la sencillez”, concluye.

Rûmî y el samâ’ de los Derviches o Mevlevíes

Y dentro de esta filosofía o forma de vida existen multitud de Tariq(t) en turco, o “caminos, rutas, métodos” creados por diferentes Maestros o sus discípulos. El giro Derviche forma parte de la senda del poeta y sabio persa Yalâl al-Dîn al-Rûmî (1207-1273) y fueron sus discípulos los que dotaron de técnica a este movimiento. Los Derviches o Mevlevíes (del árabe mawlana o el turco mewlana “nuestro Maestro” como conocían a Rûmî) estudiaron el giro en profundidad y, con los siglos, fueron perfeccionando las técnicas. Al comienzo era una celebración espontánea, un movimiento sin reglas, una expresión libre de técnica. Fue la evolución y el desarrollo de métodos variados lo que hace que la samâ’ (escucha en árabe) o danza derviche, tenga diferentes matices (según diferentes criterios, como el territorio en el que se desarrolla), se regularice y se comprenda como una celebración con unas características específicas.

Pero antes de que comenzase a constituirse elsamâ’ como tal,para este maestro del siglo XIII, el giro no parecía ser otra cosa que la forma de expresar la sensación de ebullición, una especie de felicidad suprema que se experimenta al llegar al conocimiento máximo de uno mismo. Y cuando uno se conoce de verdad, descubre que forma parte de un Todo unitario y en la exaltación de comprenderlo, se lanza a girar. “Como bien afirma el místico persa Sohrawardī al referirse a la danza sufí,” explica el islamólogo Halil Bárcena en su publicación Samā‛, acerca de la danza derviche, “No es la danza la que produce el estado interior del alma, sino el estado interior del alma el que produce la danza”.

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Rûmî plasmó su pensamiento sobre el giro y sobre el mundo en miles de versos contenidos en una extensa obra. Toda una filosofía de vida acorde con las pautas sufistas de amor incondicional.  En ella, el giro no era más que una consecuencia de ese sentir. Sefik Can, multifacético pensador turco, que fue investigador y escritor, coronel retirado, poeta y profesor de literatura, estudió en profundidad al sabio persa y lo refleja muy bien en su libro “Fundamentos del Pensamiento de Rumi” cuando escribe: “Después de que Rûmî se hubiese descubierto a sí mismo y hubiese sentido lo que existía en él, empezó a verlo también en los demás. De esta forma unificó el Amor de Dios con el Amor a la Humanidad. Llegó a la conclusión de que amar a los seres humanos es amar a Dios”.

Orígenes, evolución y técnica del samâ’   

Se desconoce cuándo el sabio poeta comenzó a girar. Y aunque, como ya se ha mencionado,  fueron sus discípulos Derviches o Mevlevíes los que fueron dándole técnica al giro construyendo el samâ’ como una danza-ceremonia, es muy difícil establecer una fecha de inicio para las danzas circulares y  aclarar cómo y cuándo llegaron a formar parte del Sufismo. Sin embargo, sí se sabe que el baile ritual circular, junto con la música, es una de las primeras manifestaciones artísticas del ser humano. Todavía hoy se siguen practicando ligadas al mundo místico en lugares del continente africano y partes de Asia. De estas artes milenarias se impregnaron pueblos e individuos que se han trasmitido por el mundo con el desarrollo del mismo. Por ello, se pueden encontrar historias como las que recoge Halil Bárcena en palabras de la filóloga turca Nesrin Can en su artículo ¡Danzad! Del giro derviche que cuentan el posible origen de este baile de exaltación y la línea de contacto de Rûmî con él.  Esta historia cuenta que Alá por medio del ángel Yibril, Gabriel en la tradición cristiana, agradeció en un sueño del Profeta Muhammad a Abu Bark, su suegro, que se desprendiese de todas sus posesiones para ayudarle en una contienda. Cuando el Profeta se lo comunicó a Abu Bark, “él desplegó sus brazos al cielo y empezó a girar como un derviche mevleví, al tiempo que clamaba: Anâ radhí, anâ radhí, que en árabe significa: Estoy satisfecho y feliz, satisfecho y feliz”. Según la propia tradición Mevleví, la familia de Mawlânâ (Maestro) Rûmî descendía de Abû Bakr. De ahí procedería la influencia del giro.

La misma historia cuenta también, que el ángel que le anunció la dicha al Profeta, iba cubierto tan sólo con un pedazo de tela y una hoja de dátil en deferencia a Abu Bark, que sólo se quedó para sí estas dos posesiones. La vestimenta para los Derviches es un símbolo. Los que establecieron y siguen la técnica constituida por esta orden llevan largas ropas blancas que representan las mortajas blancas que llevan los difuntos en los ritos funerarios del Islam. Son vestimentas para el ego. Ese ego que deben dejar atrás para poder ser uno con la existencia. Los gorros en forma cónica simbolizan tumbas de piedra para ese mismo ego. Además, durante la danza, los giradores mantienen el brazo derecho en alto por el que reciben de forma simbólica la energía y el izquierdo abajo para verterla en la tierra.

Pueden girar durante horas. Lo hacen de izquierda a derecha, contrarios a la agujas del reloj, en un movimiento circular constante que los envuelve en sí mismos y los convierte en un eje canalizador de la energía. Van a contratiempo a la par que del movimiento de los planetas alrededor del Sol. Para los Mevlevíes, además, la escenografía y la colocación es esencial. Son nueve o múltiplos de nueve, representando a cada astro del Sistema Solar y siempre hay un guía presente. Este marca los ritmos y supervisa la sincronización y el estado de los que giran. Existen también otras variaciones de técnica, como la disposición de los pies,  dependiendo de la orden Mevleví (Siria o Turca) a la que se preste atención. Y por supuesto la samâ’ no se entiende sin la música. El conjunto de instrumentos junto con la voz humana son partícipes y parte clave del momento. Y se trata de un momento porque la danza existe mientras los que giran la ejecutan. Es un instante que puede durar un segundo u horas. Es también una danza vertical. La energía no fluye de lado a lado, como los bailes occidentales, sino del cielo a la tierra pasando por el eje giróvago, que es el propio Derviche que gira.

Durante unos años la Orden Mevleví fue prohibida en Turquía. Desde 1923 hasta los años 1950 no estaban permitidas estas prácticas giratorias en el país. Sin embargo, para estas fechas, el gobierno vio una oportunidad de negocio y una buena atracción turística en la danza derviche y volvió a permitirles su ejecución. En 2005 fue proclamada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.

Lo que en un momento dado fue la reacción espontánea a un sentimiento de euforia de un sabio persa, fue adquiriendo forma y derivó en todo un ritual con técnicas muy específicas construidas posteriormente por sus discípulos. Hoy día, y fuera de la orden Derviche, millones de personas en todo el mundo acuden a talleres, encuentros y existen profesionales que enseñan a girar a todo aquel que quiera aprender. Sin embargo, el giro sufí no es sólo una técnica. Si empiezas a dar vueltas sin más lo máximo que puede pasar es que acabes mareándote. Tiene toda una filosofía de vida detrás que puede y debe ser conocida. Si la vives, el giro parece ser sólo su consecuencia.

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