Taipei – Tao Lin (1983 – ????)

     Llegué a New York a principios de agosto de este mismo año. Llevaba en la mochila un pantalón, tres camisetas, mi diario, un mapa y un cuaderno de poemas. Había decidido Taipeirecorrer de cabo a rabo la ciudad, y cuando digo “cabo a rabo” quiero decir de “librería en librería”, por lo que reservé el escaso espacio de carga que me garantizaba mi billete de turista con Jet Blue para embutir todos los libros que esperaba conseguir.

   La ciudad, tal como yo esperaba, era un insólito hervidero cultural, una marmita enorme de lenguajes en la que las generaciones jóvenes habían conseguido diluir las no tan viejas cicatrices del racismo y la segregación. Esto quedaba claro en mi lista de autores a encontrar, entre los cuales figuraban apellidos tan diversos como el de los afroamericanos Kyle Dargan y Jericho Brown o el de la japonesa-americana Claire Kageyama-Ramakrishnan. La misma diversidad reinaba entre las librerías, pero en la que encontré una obra de Tao Lin por vez primera fue en la famosa Strand Bookstore, situada en la esquina de Broadway y la duodécima, en pleno corazón de Greenwich Village.

     Sabía que había trabajado géneros distintos y que su tercera novela, Taipei (Vintage Contemporary, 2013), acababa de salir, pero tal y como acostumbro a hacer me fui directo a las secciones de poesía y rebusqué hasta dar con un pequeño tomo tituladoCognitive-Behavioral Therapy (Melville House Publishing, 2006). Cuando me disponía a pagar, la dependienta examinó mis nuevos libros y exhaló un suspiro corto, de esos que usamos a menudo para iniciar conversaciones con extraños, y exclamó: I had no idea that guy was also writing poetry. Le pregunté si había leído algo suyo y ella negó con la cabeza, pero mientras lo hacía señaló una pila de unos veinte o treinta libros que brillaban junto al mostrador: we have a bunch of these ones here, añadió, y luego me cobró los seis poemarios que llevaba y se ocupó del próximo en la fila.

     Aquella tarde devoré de un solo golpe Cognitive-Behavioral. Me sorprendieron la frescura de su estilo y su ironía y, aunque lo cierto es que el final del libro me dejó un regusto amargo, me decidí a comprar al día siguiente la novela y a investigar aquella noche acerca del autor y sus quehaceres. Así fue como descubrí que Tao Lin (3), 1983, americano de primera generación e hijo de taiwaneses, era la última sensación de ventas entre el ambiente alternativo de New York y uno de los iconos más polémicos de Brooklyn. Vegano (pero en la droga hasta las cejas), más activo en la red que en el mundo real y definitivamente hipster, ha escrito las novelas Eeeee Eee Eeee (2007), Shoplifting from American Apparel (2009) y Richard Yates (2010), además de la compilación de relatos Bed (2007) y otro poemario titulado you are a little bit happier than i am (2006). Por si fuera poco, a esta producción escrita hay que sumarle sus ensayos y sus “experimentos” en vídeo, que incluyen grabaciones de sí mismo bajo el efecto de MDMA, setas alucinógenas y otras sustancias de diversa índole.

     El caso es que empecé a leer Taipei al día siguiente, en una de las muchas estaciones de Manhattan. La novela tiene algo que la hace adictiva, ya sea la ironía que destila cada página o el continuo juego de Tao Lin con las expectativas del lector, a quien da acción cuando todo apuntaba a un buen respiro y calma chicha cuando el libro debería implosionar. El argumento del libro, por su parte, sigue las relaciones sentimentales del protagonista, y tiene por objetivo revelar el decadente mundo en que se mueve (parte) de la juventud americana de hoy en día, una mezcla de drogas e Internet que matará de aburrimiento a alguien nacido antes de los ochenta, pero que no puede dejar de interesar a los que sí hemos habitado Facebook y Gmail. En la contraportada aparece una cita de Blake Butler que resume en parte mi opinión:

              «A work of vision so relentless it forces most any reader to respond.» (1)

     Es cierto, aunque la respuesta que anticipa el escritor de Sky Saw no tiene por qué ser positiva en absoluto. Tan solo hay que buscar un poco en Internet para encontrar una montaña de críticas a las novelas, cuentos y poemarios de Tao Lin, que van desde aquellas que lo acusan de haberse instituido como icono generacional hasta las que critican sus opciones narrativas. En este sentido es cierto que Taipei adolece a menudo de un ritmo narrativo insuficiente, tal vez porque los personajes no persiguen objetivos definidos, sino que van chocando constantemente contra lo que se les presenta por delante. Por otro lado sus protagonistas pueden ser irritantes para un lector no muy versado en la ironía, sobre todo porque se encuentran sumergidos en un mundo de hedonismo que recuerda al de esos personajes galdosianos que se podían permitir una vida de lujo y reflexión existencial, siempre gracias a una oportuna y misteriosa renta. Además, y aunque tal vez se trate de una apreciación bastante personal, he de decir que se me hacen demasiado evidentes las similitudes de este libro con la novela Azul casi transparente (1976), de Ryū Murakami (2), cuya lectura jamás me cansaré de recetar a todo aquel que diga que no sabe qué leerse. Tampoco deja de sorprenderme que entre los datos de edición figure esa clásica nota que desvincula la novela de la realidad, cuando resulta obvio que Tao Lin está narrando sus vivencias de este año; véanse en este sentido el viaje a Taiwán, los vídeos ya citados, su actividad online y un largo etcétera.

     A pesar de todo esto estamos ante una novela que sin duda merece la pena leer, no solo porque describe con exactitud sardónica la vida de las últimas generaciones informatizadas, sino porque es un libro divertido e indudablemente nuevo y puede abrir las puertas a caminos narrativos aún sin transitar. El estilo que utiliza, a medio camino entre el discurso de un adolescente apático y el de un ensayo de antropología, es una clara muestra de esto último, a lo que hay que sumar un hilarante y detenido análisis del comportamiento emocional de la generación de los noventa.

    Concluyendo, y fijando este primer artículo como cabeza de una lista de reseñas de literatura norteamericana, añadiré que en general se trata de un relato valiente y arriesgado y que, por tanto, merece una oportunidad y un hueco entre las novedades de la biblioteca. La novela aún no ha sido traducida al castellano ni editada en España, pero está escrita en un inglés bastante fácil de leer, por lo que os recomiendo que os pongáis a ello cuanto antes si no queréis perderos qué es lo que se cuece en este lado del Atlántico. Podéis comprar el libro, como siempre, en Amazon.com.

NOTAS:

(1) “Una obra de visión tan implacable que obliga a casi cualquier lector a responder”.

(2) Esta novela fue editada en el 97 por Anagrama dentro de la Colección Compactos, con el título de Azul casi transparente.

(3) Puede encontrarse más información sobre Tao Lin en su página web.

Nota del editor:

(1) Conoce al autor de este texto y disfruta de más reseñas literarias en su blog: Quien quiera ser Nerón

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2 Respuestas a “Taipei – Tao Lin (1983 – ????)

  1. Buenas Samuel, gracias por tu comentario y perdón por la tardanza en responder. La ironía que apreciamos en Taipei se trata más bien de una auto-ironía. Lin describe a Paul, el protagonista de la novela, desde una óptica que lo sitúa como el representante de una generación que se sabe decadente y que, a falta de una solución mejor, asume su papel y se entrega a un hedonismo más que irresponsable. La falta total de moral de los personajes, observada a través de la mirada aséptica del narrador, evidencia la falta de principios de una mentalidad tristemente extendida entre el sector artístico joven de las costas norteamericanas, la cual, desprovista del romanticismo que a la misma irresponsabilidad otorga el beatnik durante los 50, resulta tan ridícula y risible como preocupante y vergonzosa para los lectores de Taipei.

  2. Se habla en cada párrafo que los libros de Tao Lin están llenos de ironía, pero no se dice en qué consiste.

    Se menciona que los personajes viven en el hedonismo, pero no veo cómo eso puede ser irónico.

    ¿Existe realmente esta ironía o se menciona porque “DEBE haber alguna clase de ironía en estos libros”?

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