El Padrino: Musica, tradimento, vendetta ed arance (I)

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Aviso de spoilers: si no han visto El Padrino II, ni la primera parte, ni la tercera… ni Los Soprano, es recomendable que dejen de leer aquí.

No quería repetir la experiencia de El Padrino I. La producción se había planteado como si de una simple película taquillera se tratase, que aprovechara el reciente éxito de la novela, y con la presión por las fechas y limitaciones presupuestarias apenas pudo trabajar tranquilo. Afortunadamente, por la insistencia de Paramount accedió a rodar la segunda parte. La primera reacción de Coppola fue rechazar la dirección de la película, sí, pero reconoce que era un tema que le había rondado la mente. Había considerado que, si hacía una segunda parte, podría incluir la juventud de Vito, los orígenes de la familia Corleone. Había material en el libro de Puzo e investigó sobre incidentes protagonizados por la propia mafia en la Sicilia profunda de comienzos del siglo XX.

Esa sería una de las líneas argumentales de El Padrino II. Habría otra: la continuación de la primera parte de la saga. Nuevos personajes, nuevas tramas, nuevos negocios y, sin embargo, un esquema narrativo similar al de El Padrino I, que además se repetiría en El Padrino III.

Los prólogos

El Padrino II comienza en Sicilia, en 1902, con el entierro de Antonio Andolini, padre de Vito. Aunque en las tres películas Coppola emplea fiestas para presentar la trama, siempre parte de un prólogo. En la primera y en la última entregas de la saga, estas fiestas permiten entender lo ocurrido en la primera secuencia. El Padrino II no sigue este esquema. La secuencia inicial no guarda relación con la fiesta, sino que se trata de una larga secuencia independiente.

En el entierro de Antonio Andolini asesinan al hermano de Vito, Paolo, quien juró venganza. La madre, desolada por la muerte de su marido y su primogénito, acude a don Ciccio, capo local, para que perdone la vida de su hijo pequeño, Vito, débil y de poca salud, que nunca podrá hacerle daño. Ante la negativa de don Ciccio, intenta atacarlo, pero le disparan. Afortunadamente para nosotros y para el porvenir de la saga, Vito consigue huir. “Siempre me ha conmovido la idea de matar a un niño porque va a crecer y se hará fuerte y se vengará”, comenta Coppola.

Para la primera parte hubo problemas por doquier desde la producción. Nunca gustaba lo que Coppola tenía en mente y en varias ocasiones estuvo al borde del despido. Él defiende que lo salvó esa escena de la primera semana de rodaje en que Michael Corleone asesina a Sollozo, esa escena a la que tanto me recuerda el final de Los Soprano. Es posible que gracias a eso Coppola aguantara en la dirección de El Padrino. Y cuando estuvo terminada, demostró que merecía le pena que lo dejaran trabajar a su aire. Pese al arduo proyecto que se traían entre manos con la segunda parte —rodajes en Nueva York, Las Vegas, Los Ángeles, República Dominicana y Sicilia, y muchos más días previstos de rodaje que en El Padrino I—, no hubo problemas con la producción.

Tras la muerte también de su madre, Vito —aún Andolini— consigue huir de Sicilia y llega a Ellis Island. Durante los acelerados trámites de inmigración, rodados en un antiguo mercado de Trieste, Italia, los descuidados funcionarios cambian su apellido. Coppola cuenta que, a su prima, al llegar desde Italia a Ellis Island, le diagnosticaron viruela, y hubo de estar en cuarentena durante un tiempo. La imagina en su habitación, sentada, sola, con vistas a la Estatua de la Libertad. Y así lo reproduce con Vito, en la escena que cierra la secuencia.

Las fiestas

1958. Estamos en la comunión del primogénito de Michael. En El Padrino I fue una boda la celebración con la que se presentaba a los personajes. En esta entrega nos llevan a la fiesta de una comunión. En El Padrino III a Michael le entregarán, en nombre del Papa, una medalla conmemorativa y hará una fiesta en el tono habitual de la saga. ¿Qué tienen en común estas fiestas? ¿Y en qué se diferencian?

Coppola juega con el interior y el exterior. En las dos primeras entregas, hay una fiesta en el exterior de la residencia Corleone, una fiesta con baile, música, comida, alcohol, risas, caras viejas, nuevas, la mamma, su hija, los invitados, los niños… En el interior hay negocios. En El Padrino III se introduce algún cambio, pero la estructura se repite. Lo que hemos llamado exterior ahora es ese gran salón donde Johnny Fontane vuelve a aparecer después de tantos años, donde Connie canta las canciones sicilianas, papel que solía jugar la mamma cuando aún vivía, o donde vemos por primera vez al heredero de la familia, Vincent. Los elementos son los mismos. Y el despacho de Michael, el interior, donde se llevan a cabo los negocios.

No sólo la estructura de las fiestas iniciales no cambia a lo largo de la saga, sino las tres cumplen la misma función: en ellas se presenta a los personajes —a la mayoría—. En la primera parte, el espectador estará en la piel de Kay Adams. Llega nueva al entorno de los Corleone y no conoce a nadie. Michael se encarga de introducir todo lo necesario: Tom, Fredo, Luca, quiénes son los Corleone. Una peculiaridad de la segunda parte es que no hay esta figura en torno a la cual giran las presentaciones. Los personajes salen y entran a la casa, de la fiesta al despacho de Michael, pero no se presentan directamente. En la última entrega será Vincent Mancini quien necesite relacionar unos nombres y unas caras y con él conoceremos a los que darán fin a la trilogía.

¿Qué podemos decir de estos personajes? En El Padrino II apreciamos ya una evolución en el estatus de los Corleone. El primer enemigo de Michael ya no es un don Tattaglia, jefe de una familia, al servicio de don Barzini, con más poder pero otro gánster al fin y al cabo. Tampoco hablamos de un sargento de policía corrupto. Michael trata con un senador americano: está intentando ganarse al senado. Todavía no sabemos cómo lo va a hacer, pero ya lo dice Coppola: es el protagonista y a alguna oferta irrechazable acabará recurriendo.

geary_2_bnLa secuencia en la que engañan al senador Geary con la prostituta asesinada cumple la misma función que la cabeza del caballo en la cama del productor Jack Woltz, en El Padrino I: en ambos casos se transmite que los Corleone están dispuestos a cualquier brutalidad mientras eso les permita meterse a alguien en el bolsillo.

Así, Coppola muestra que el poder de los Corleone ha crecido. Ahora se enfrentan a los políticos. Años después, arrancaremos con el Estado del Vaticano como eje de los negocios de Michael. El banco del Vaticano le pedirá a Michael Corleone 600 millones de dólares que ayudarán a saldar su deuda.

La secuencia en la que el arzobispo recibe a Michael para pedir el préstamo la barajó Coppola como un comienzo alternativo para El Padrino III. Rememoraba aquellos minutos en los que Bonasera contaba a Vito lo que le había ocurrido a su hija. Pero Coppola quería una saga de familia, según cuenta, no de negocios. El final empezaría con otra gran fiesta familiar, no con negocios. Y decidió desecharlo.

Igual que los enemigos, los amigos de los Corleone cambian de generación a generación. Clemenza no aparece en El Padrino II. El actor que lo interpretaba, Peter Castellano, no llegó a un acuerdo con Coppola para la segunda parte de la saga, y será Frankie Pentangeli el que ocupe su puesto. El guion entra poco en quién es Pentangeli, de dónde viene o por qué la familia confía en él.

En la fiesta por la comunión, presentan también al personaje interpretado por Dominic Chianese, que años después encarnará al entrañable Corrado Junior Soprano, apellido del mundo del crimen organizado mencionado más arriba. Johnny Ola trae como regalo una naranja desde Miami. Siempre es de agradecer un regalo, pero en El Padrino I aprendimos que las naranjas no son señal de buen augurio.

Si mal no recuerdo, Tessio carga con la primera naranja de la trilogía —en la boda de Connie—. Y no tiene un final que destaque por su felicidad. Pero sí por su delicadeza: Tom Hagen sabe transmitir tranquilidad, incluso en un asesinato.

Tessio's OrangeLas naranjas y la muerte tienen una alta correlación en El Padrino.

Es conocida la obsesión de Coppola por las naranjas y la muerte en la trilogía, de principio a fin. El propio Michael probará alguna naranja en la última hora de El Padrino III, escena mítica no sólo porque en ella Michael se arrepiente de sus actos, admite su maldad y pide, por fin, perdón a Dios, sino porque tardan escasos segundos en hacer una enorme jarra de zumo de naranja, uno de los fallos más conocidos de la trilogía, pero uno de tantos. Fallos de una saga con una producción deficiente, poco atendida, poco cuidada, con abundantes problemas presupuestarios y que, sin embargo, por su guion, por su interpretación, por su dirección, se proclama un hito cinematográfico.

Hablábamos de uno de los personajes que, aunque secundario, es clave en El Padrino II. Johnny Ola viene en representación de Hyman Roth, con quien Vito tuvo buena relación, según se cuenta —hay una escena no incluida en el montaje final en la que Vito y Roth tienen su primer encuentro, a comienzos de siglo, pero no aporta mucha información—, y que además está basado en Meyer Lansky, gángster en quien no entraremos hoy porque si habláramos de todo a lo que se hace referencia en la saga, no acabaríamos nunca.

Meyer_Lansky_1Meyer Lansky, gángster judío afincado en Estados Unidos que introdujo a la Mafia siciliana en el negocio del juego en Las Vegas, es en quien está basado Hyman Roth.

Johnny Ola, basado también en un amigo de Lanski, es importante al principio de la película por este puente entre Michael y Roth, quienes quieren hacer negocios en Cuba. Pero su importancia radica también en su papel más adelante. No aparecerá en escena: tan sólo, Fredo pronunciará su nombre. Ya hablaremos de ello.

Durante la fiesta de la comunión, Coppola añade una pequeña broma siciliana. Frankie Pentangelli sube al escenario y se ofende porque, de entre todos los músicos de la banda, ni uno es italiano. Les pide una tarantela y canta la base. Consigue que el pianista toque lo acompañe al ritmo y hace ponerse de pie a un clarinetista. Le tararea una melodía… pero él la interpreta como quiere —fíjense en el momento final del vídeo, ese Cicci, fumando, quieto, tranquilo… le encantaba la presencia de ese actor a Coppola—.

Que Frankie se ofenda no carece de relevancia. La música en la trilogía es más que una banda sonora. El Padrino, en general, no trata sobre la mafia, sino sobre la familia y sobre Sicilia. Para ilustrar las costumbres sicilianas, Coppola se apoya, entre otros elementos, en la música. Dirigida y compuesta a menudo por su padre, la música acompaña a los personajes en varias escenas con el intento de recuperar Sicilia.

¿Qué papeles juega la música en la trilogía? ¿Por qué es tan importante Johnny Ola? ¿Qué otras relaciones hay entre las tres películas? ¿Cómo ha influido la historia en El Padrino? ¿Siguen apareciendo naranjas?

(Continúa)

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2 Respuestas a “El Padrino: Musica, tradimento, vendetta ed arance (I)

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